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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

El talento (voluntariamente) clandestino de María Lejárraga

“Las mujeres deben ser feministas, como los militares son militaristas y como los reyes son  monárquicos; porque si no lo son, contradicen la razón misma de su existencia” 

Así se manifestaba María Martínez Sierra, de soltera María Lejárraga, en el ensayo “Cartas a las mujeres de España”. Corría el año 1.916 y esta logroñesa escribía también en esas fechas una sección quincenal en la revista Blanco y Negro, titulada “La mujer moderna”, pero lo hacía con una peculiaridad: no era ella la que firmaba los artículos sino su marido, Gregorio Martínez Sierra, quien ha pasado a la historia de la literatura como un destacado autor modernista, mientras la autora real de un buen número de novelas, obras teatrales y libretos, como el de “El amor brujo”, pasó al olvido. 

La historia de esta mujer moderna, y de otras como Carmen Burgos, Clara Campoamor o Concha Espina, ha sido rescatada en un libro imprescindible que hoy traemos a este taller, “Debes conocerlas”, se llama y lleva la firma de dos doctoras en filosofía y profesoras de universidad: Marifé Santiago Bolaños y Mercedes Gómez Blesa, editado por Huso Ensayos.

Cuenta Mercedes Gómez Blesa, autora de la semblanza de María Lejárraga, que hasta el año 1.987 no se supo a ciencia cierta, gracias a las investigaciones de Patricia W. O´Connor, que la autora de la prácticamente la totalidad de la obra de Martínez Sierra había sido su mujer, María Lejárraga. Al parecer solo en el círculo más íntimo de amigos, se sabía que María oficiaba de “negra” de su marido. Y fue también la propia Lejárraga quien contó en su libro de memorias, “Gregorio y yo”, escrito en el exilio y cuando él ya había fallecido, que esta peculiar forma de trabajar, donde él firmaba lo que ella creaba, comenzó de novios y se prolongó después de su separación. Gregorio y María se separaron en 1.922, tras una conflictiva relación conyugal -él la engañaba desde hacía diez años-, pero a pesar de que María lo descubrió, no se separaron hasta que Gregorio tuvo una hija con su amante, Catalina Bárcena, que, para más escarnio, era la actriz que interpretaba las obras que María escribía y su esposo firmaba como propias.

Ni siquiera tras la ruptura, María decidió recuperar su firma, sino que incluso escribió para su exmarido la obra de teatro, “Canción de cuna”, que consagró a Martínez Sierra como autor dramático. 

Lo paradójico de esta historia es que María no era una mujer tradicional, todo lo contrario. Era feminista y progresista. La contradicción entre su forma de pensar y su manera de actuar, ocultando su talento a la sombra de un marido y permitiendo que este le usurpara el reconocimiento público, se explica, según las expertas que han analizado su obra, por una “cuestión de entrega amorosa” o bien por una “fidelidad mal entendida”. Lo que sí parece evidente es que María Lejárraga logró, tras la decepción amorosa y la depresión que padeció posteriormente, reunir las fuerzas necesarias para enfrentarse a sí misma y a su marido y recuperar paulatinamente su identidad intelectual. Es justamente tras la crisis matrimonial, cuando comienza a firmar como María Martínez Sierra; una decisión que justifica entonces, con una frase desafortunada, por lo sumisión que evidencia:“pues que nuestras obras son hijas de legítimo matrimonio, con el nombre del padre tienen bastante.”

Con el apellido de Gregorio y con su nombre de pila, María, firma tres ensayos claves: “Cartas a las mujeres de España”, Feminismo, feminidad y españolismo” y “La mujer moderna”, obras en las que, como señala Mercedes Gómez Blesa, “insta a la mujer a tomar conciencia de su deplorable  condición civil y social, animándola a aprender y formarse para tener acceso a la vida laboral y reivindicar sus derechos”. Tras la separación, y ya sin compañero que la limite, se sumerge en un activismo social creciente que la lleva a convertirse en diputada en la segunda república y finalmente, tras la guerra civil, al exilio donde escribe sus memorias.

El libro de Mercedes Blesa y Marifé Santiago lleva un título clarividente, “Debes conocerlas”. Y ciertamente es importante conocer a estas mujeres modernas de enorme talento y compromiso que, como María Lejárraga, no pudieron evitar ser víctimas de sus propias contradicciones en una sociedad especialmente adversa y difícil para las mujeres.

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