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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

A propósito (del sufrimientos) de las mujeres

“Las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez en cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse en ella y bracear para mantenerse a flote: ese es su verdadero problema”

Natalia Guinzburg es una de las autoras más intensas y deslumbrantes que ha dado la literatura. Solo por esa maravilla literaria que es “Léxico Familiar” (Edit Lumen) merece la pena leerla y sentir, al hacerlo, como una se reconcilia con la existencia gracias a la literatura.

La editorial Lumen viene publicando toda su obra, y ahora acaban de editar, “A propósito de las mujeres”, ocho cuentos, protagonizado por mujeres, a cual más perfecto, pero sin duda, lo mejor del libro, es un magistral artículo de la autora que, a modo de prólogo, indaga sobre quiénes somos y qué queremos las mujeres.

Y dice Guinzburg:

“Las mujeres se avergüenzan a menudo de ello y fingen que no tienen problemas, que son enérgicas y libres, y caminan con paso firme por las calles con grandes sombreros y bonitos vestidos y los labios pintados y un aire resuelto y altivo, pero nunca me he encontrado con una mujer en quien no haya descubierto al poco rato algo doloroso y lamentable que no he visto en los hombres, un peligro continuo de caer en un gran pozo oscuro, algo que proviene del temperamento femenino y tal vez de una secular tradición de sometimiento y esclavitud que no será nada fácil de vencer”

Natalia no se escabulle, se sabe mujer y al serlo visita ese pozo oscuro donde, de tanto en tanto, se sumerge, padece, y cuando parece que se va a hundir para siempre, logra salir y sacudirse el sufrimiento como si nada hubiera pasado. Natalia dice haber conocido a muchas mujeres,

“He conocido a mujeres tranquilas, pero pocas, la mayoría son como yo y no consiguen dominar ese miedo visceral y angustioso ni esa sensación de hacer algo contra natura cada vez que se acuestan en una cama de una ciudad extranjera a muchos, muchos kilómetros de casa. Me he esforzado por ser más fuerte, me he esforzado por dominarme lo mejor que he podido y cada vez que he subido a un tren sin los niños me he dicho, “esta vez no tendré miedo”.

Pero esa melancolía, afirma, está en nuestra naturaleza. Insiste en que el miedo surge desde muy pronto y se intensifica con los hijos, pero no tenerlos, asegura, es aún peor, “porque en un momento dado todo se convierte en desierto y aburrimiento y hastío de las cosas que antes se hacían con audacia”.

Guinzburg comenzó el artículo diciendo, “ahora ya no quiero escribir así”; quizás porque cuando era más joven y escribía no conocía realmente cómo eran las mujeres, sus personajes femeninos, inventados para sus cuentos, eran pura ficción, y entonces no hablaba del pozo aunque ya lo había visitado. Y después de haberlas conocido, a tantas y tantas, y después de haber vivido, esta sabia mujer nos aconseja el camino a seguir para evitar sumergirnos en el pozo, o al menos para no sucumbir en él:

“Las mujeres son una estirpe desgraciada e infeliz con muchos siglos de esclavitud a sus espaldas y lo que tienen que hacer es defenderse con uñas y dientes de su malsana costumbre de caer en el pozo, porque un ser libre no cae casi nunca en el pozo ni piensa siempre en sí mismo, sino que se ocupa de todas las cosas importantes y serias que hay en el mundo y solo se ocupa de sí mismo esforzándose por ser día a día más libre.”

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