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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

Foto Grace Paley

La activista que habla de las mujeres

“Los hombres han escrito tantas veces sobre las mujeres sin conocer la realidad de sus vidas y, peor aún, sin estar interesados en esa realidad cotidiana…”. Grace Paley, en declaraciones a The Paris Review

“Había dos maridos, y a ninguno de los dos les gustaron los huevos. A mí tampoco me gustan hechos así, les dije. Hacéoslos vosotros mismos”. Así empieza ‘Padres de segunda mano’, uno de los primeros cuentos que escribió Grace Paley, donde aparece Fe, uno de sus alter ego: un ama de casa con dos niños y dos ex, tan beligerante y ácida como lo era la autora, allá por los años 70.

Paley se crió en el Bronx, con un padre médico, la abuela y dos tías, en una familia judía ucraniana de inmigrantes. “La vida en la cocina, la vida con los niños era lo que me había sido dado”, comentaba ya mayor la autora de estos imprescindibles ‘Cuentos completos’, al explicar que su escritura nacía de la vida cotidiana, ese territorio de las mujeres, de donde ella, con su doble oído, uno para el hogar, otro para la literatura, extraía sus historias. Para entonces, era ya una activista que se definía como “pacifista combativa”, de esas que luchaban a brazo partido contra la guerra de Vietnam por la Quinta Avenida. Estos cuentos, que arrancan en los años 50 y llegan hasta los 90, constituyen un paseo por la sensibilidad femenina y sus contradicciones.

 

Portada-cuentos completos

 

Paley es una de las nuestras; sus personajes debaten en la cocina, mientras charlan con la vecina o discuten con su amante; como la Sra Raftery, manipuladora implacable de doble moral, que maneja hijo, nuera y amante: “Cuando no tienen los pulmones y el estómago destrozados por el exceso de trabajo, los hombres se largan por ahí. No te sientas decepcionada. No conozco a ningún hombre que le haya durado toda la vida a una mujer.” Paley nos hace reír con sus diálogos chispeantes, pero sabe ser dura también, como en el estremecedor relato La jovencita, donde narra la violación de una adolescente. Y siempre, siempre, ya lo comprobarán, es inteligente y maravillosamente optimista.

 

 

‘ Los pecados gloriosos’. Lisa McInnerney, Adn. Alianza de novelas.

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Impresionante debut el de esta bloguera irlandesa, que ha recibido el Premio Baileys de literatura femenina a la mejor primera novela del año. Con un ritmo trepidante y una prosa dura, nos sumergimos en un barrio marginal de la ciudad de Cork, donde personajes outsiders gestionan el hampa. Maureen, madre de un mafioso que controla el barrio, mata por accidente a Robbie. Este hecho desata la trama: la novia de Robbie se hunde en la prostitución, una pareja de adolescentes y otros inadaptados padecen la revuelta decretada por el gánster. Magistral relato de una juventud obrera, sin salida, que se desliza de la precariedad a la delincuencia.

 

‘La cultura de la conversación’. Benedetta Craveri, El ojo del Tiempo, Siruela.

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“El lugar hechizado en que la marquesa tenía la costumbre de recibir a sus íntimos era la celebre Estancia Azul. [..] Madame de Rambouillet había convertido el dormitorio oficial en lugar de recepción”. Regido por las buenas maneras y la perfección estética, este fue el primer salón que nació en Europa. Corría el siglo XVII y, en pleno Antiguo Régimen, damas inquietas de la nobleza francesa inventaron el arte de dialogar. La autora nos sumerge en la historia de las mujeres que lo protagonizaron y esboza esta conclusión: “El poder de la palabra de la mujer fue el germen de la sociedad moderna”.

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