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El blog de Mara Malibrán

Gloria Fuertes1

Gloria, de verso en pecho

 “Cada vez que leo un poema de Gloria Fuertes me invade la envidia porque habría querido ser su autor de tan certero y exacto como lo encuentro, de tan en su sitio como está todo.”

 

Acierta Camilo José Cela, autor de estas palabras, sobre su amiga Gloria Fuertes, cuando afirma que en los versos de esta poeta, que hoy recordamos porque cumple cien años, todo está en sitio, como encajado, como un cuadro perfecto en el que nada sobra y nada falta. Y por esta razón nos gusta tanto la antología que la editorial Nordica acaba de publicar, “Geografía Humana y otros poemas”, porque es una edición perfecta, en la que todo se ubica ordenadamente: la portada de donde surge, sobre un fondo de color coral, una máquina de escribir, de esas que se utilizaban cuando no existían los ordenadores, y sobre ella, una niña que nos mira con pinta de buena y formal, que bien podría ser Gloria allá por los años treinta; el prólogo de Luis Antonio de Villena, buen amigo, las maravillosas ilustraciones de Noemí Villamuza, y la selección breve pero cuidada de poemas convierten este libro en una pequeña joya, perfecta para regalar.

 

Gloria Fuertes debió de ser como la niña de la ilustración, ella así se veía y lo cuenta en su poema, “Nota biográfica”

 

“A los tres años ya sabía leer

y a los seis ya sabía mis labores

Yo era buena y delgada,

alta y algo enferma.

A los nueve años me pilló un carro

Y a los catorce me pilló la guerra;

A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.”

 

Venía, como ahora dicen, de una familia humilde, lo que  en aquellos tiempos, y en estos y en todos, es un eufemismo cursi que quiere decir, una familia pobre, de trabajadores pobres. Nació en Lavapiés, donde su padre trabajaba de portero y su madre cosía, cosía lo que podía. Fue una niña precoz, ya lo dice ella, a los tres leía; que a los catorce la pilló la guerra y que sola se quedó,

 

“Todos los míos han muerto hace años

y estoy más sola que yo misma”

 

Se crio como pudo, con pocos medios y mucho talento; su amor por la literatura la llevó a colaborar en diferentes revistas literarias, donde su verso fue tomando forma, hasta que consiguió una voz propia. En ese momento, en plena posguerra, los movimientos de vanguardia que en Europa eran legión, aquí estaban erradicados; tan solo uno, el postismo, arraigó algo en Madrid. La poesía de Gloria se puede entender en un primer momento como postista, porque tiene un carácter lúdico, juega con la imaginación y el subconsciente y su temática se encamina a destruir prejuicios, algo muy arriesgado en aquella época.

Gloria adoraba a los niños y esa debilidad o sensibilidad fue su salvación y fue también su condena. Escribía para los niños por el día y por la noche lo hacía para los adultos. El día le daba dinero, la noche la reconciliaba con su alma de poeta. Pero la fama le vino por su faceta infantil y por un programa de televisión que los que tienen edad recordarán, “Un globo, dos globos, tres globos”. Decíamos que fue su condena, en el sentido literario, porque cuando falleció alguien en algún diario escribió que desaparecía la autora del programa “Un globo, dos globos, tres globos.”, y punto. Nada de su poesía postista, nada de su incisiva poesía social, “Poemas del suburbio”, que escribió en los años 50. Cuenta Luis Antonio de Villena en el prólogo de este librito, que “ella se daba cuenta de que debía recuperar su sitio,  y que eso lo intentó con su último libro” “Mujer de verso en pecho” que presentó su amigo Camilo José Cela,

“Hay quien dice que estoy como una cabra

lo dicen lo repiten, ya lo creo, pero soy una cabra muy extraña

(…) Vivo sola, cabra sola que no quise cabrito en compañía”

 

 Gloria_fuertets2

 

Cabra sin cabrito en compañía. Cabra sola porque Gloria Fuertes era lesbiana, y ese fue su segundo padecimiento. El no poder expresar a los cuatro vientos su auténtica sexualidad. Lesbiana clandestina, como lo fue también Elena Fortún, otra escritora para niños que nos regaló el personaje de Celia. Sin embargo, su inmensa humanidad, afloraba con su sola presencia: socarrona, futbolera, fumadora, popular hasta las cachas, rodeada siempre de amigos y enfundada siempre en un traje masculino.

Cierto que vivió sola y que sola murió y ella así lo dejó escrito en uno de sus últimos libros, “Es difícil ser feliz una tarde”

 

“Era una mujer fuerte y dulce.

Llegó a ser famosa,

Tenía muchos amigos

Pero siempre estaba sola

(¡Anda si era yo!)

 


 

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