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Comerse el mundo

El blog de Raquel Sánchez Silva

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Masajes por el mundo

Los masajes son uno de los mejores remedios terapeúticos para el estrés, el agotamiento y la ansiedad. Eso, sumado a la práctica de deporte y la consiguiente carga muscular, hace del masaje un imprescindible en mi vida. Fue en Pekín Express en donde aprendí a regularizar el uso del masaje como única opción para continuar el viaje. En aquellas rutas pasábamos más de ocho horas diarias en furgonetas, dormíamos muy poco en camas (mejor dicho, camastros) y nos contagiábamos de la tensión de los concursantes en la carrera. A eso, en el caso de los cámaras, había que sumar unos 20 kilos de peso sobre el hombro más de 14 horas al día. Era una barbaridad pero quizá la barbaridad más bonita que me ha tocado vivir.

En Pekín Express, buscábamos desesperadamente, masajistas en nuestras paradas y escalas para poder seguir. Y fue ahí, en donde todos nos aficionamos a los mejores masajes del mundo que son los masajes asiáticos, para concretar mucho más, el masaje tailandés. Este es mi favorito y no es fácil encontrar buenos sitios para disfrutar de uno de ellos.

Una mujer recibe un masaje tailandés

Ayer probé un nuevo lugar que, sinceramente, encontré por internet sin recomendación particular ni nada parecido. Vi la sobriedad de la página web y me gustó, sin más. Se llama Kamiraku y está en el centro de Madrid. Ante la duda, elegí un tailandés con aceite porque un tailandés que no te dan correctamente con esos estiramientos tan fuertes puede llegar a ser incluso perjudicial. A los pocos minutos de empezar, le dije a la masajista que incrementase los estiramientos. Cuando te han hecho muchos masajes por el mundo, distingues uno bueno en apenas segundos. Debo felicitar a Kamiraku por su conocimiento y profesionalidad.

Aunque si tengo que elegir un masaje y un lugar me quedo con un par de momentos muy lejos de aquí. Una tarde en Hawai recién llegada de un viaje de más de veinte horas. El masaje en la planta baja de ese hotel fue el mejor de mi vida por la maestría de la masajista de fuerza y rasgos polinesios. Y también una tarde de lluvia en Kathmandú, corriendo por las calles llenas de barro para encontrar un centro de masajes en una casa de ladrillo con tres pisos. Recuerdo un masaje de cara a una ventana sin cristal, ni marco, en una casa aún por terminar, el ruido de la lluvia y los sonidos mágicos de esa ciudad que me enamora como ninguna.

Ambiente para recibir un masaje tailandés

Podría seguir contando, y otra vez en una parada en India de camino a Jaipur, y en Camboya al lado de la plaza de…

Necesito volver a Asia, mi continente en el corazón.

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