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Comerse el mundo

El blog de Raquel Sánchez Silva

Raquel Sánchez Silva, con Blanca Suárez en 'El bar'

Se confirma: quedamos en el bar

El fenómeno Blanca Suárez en el cine español es mucho menos caprichoso de lo que algunos quieren hacer ver. Blanca ha demostrado siempre su talento como actriz y su apego a la discreción. Así lo presentí porque (será una manía estúpida) tiendo a pensar bien de la gente y porque no creo en la buena suerte. Claro está, tampoco en la mala. No me convencen las valoraciones de redes sociales y no me interesan las… ¿noticias? ¿Informaciones? Bueno, eso que se lee en determinadas revistas o portales. Blanca Suárez me interesa como artista, es el campo en el que me fascina. Ayer estuvo en Likes y ha sido generosa, divertida y muy profesional y eso, (lo siento por los clubs de las envidias) no abunda.

Viene a presentarnos El Bar, la última película de Alex de la Iglesia en la que interpreta a Elena, una mujer que está en ese bar pero no debería estar allí. Un bar que es un personaje en sí mismo y que nos recuerda en espíritu y barra al mítico Palentino de Madrid. El Bar de Alex de la Iglesia tiene todos los tópicos de un bar de Madrid: camarero que canta las raciones, señora que se deja la pensión en la máquina tragaperras, pinchos de unos días y cañas, ahí sí, muy bien tiradas. Esta es la verdad. Porque los bares de Madrid tienen su encanto, como apostilla Blanca “a esa hora entre la noche y el nuevo día”.

Foto del rodaje de El Bar

Un café con leche en vaso, un pincho de tortilla recién hecho y ese ruido, barullo, bullicio que llevan de fondo. Quiero pensar que Alex de la Iglesia quiere rendir un homenaje a todos los bares que van cerrando, precisamente metiendo en uno de ellos a Secun de la Rosa, Terele Pavez, Carmen Machi, Mario Casas, la propia Blanca y muchos más actores que a sus ordenes están enormes.

Recomiendo ver El Bar para hablar de las debilidades humanas en situaciones extremas. Para estudiarnos y reconocernos en la vergüenza, para reírnos en un principio libres y luego -como me cuenta Blanca- con esa sensación de risa culpable.

Raquel Sánchez Silva y Blanca Suárez

También, y hablando de Blanca, os invito a fijaros en dos grandes momentos de la película: el primer plano secuencia de presentación de personajes y la escena en la que veréis a una Blanca Suárez sucia y en ropa interior mezclándose con la multitud e la Gran Vía un viernes por la tarde a la altura de la plaza de Callao. Cuando estéis en el cine y la veáis (como la secuencia icónica que acabará siendo al igual que aquella del luminoso de Schweppes en El Día de la Bestia) recordad que se rodó entre una multitud real, nada de figurantes, con cámaras ocultas y seguridad camuflada que protegía a Blanca. Hiela la sangre comprobar que nadie la ayudó, nadie le ofreció apoyo o consuelo. ¿Seguimos hablando de la condición humana? Mejor vamos a ver El Bar y luego quedamos en uno.

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