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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

Unas cebollas y un rayador

¡No llores más por las cebollas!

Estaba a punto de tirar a la basura unas viejas gafas de natación, cuando, de pronto, me acordé de las cebollas. Ahora las tengo en un cajón de la cocina y me las pongo para que su “factor lacrimógeno” (FL) no me haga llorar. Lo de cortarlas bajo el grifo de agua fría -que también evita las lágrimas- no era tan buena idea, porque muchos de los nutrientes se van por el sumidero, y no estoy por la labor.

No, no hay que llorar al picar cebollas, porque son uno de los alimentos más sanos del mundo. En España, uno de los principales productores mundiales, consumimos la friolera de 340 millones de kilos al año (datos de 2014), y es para estar felices. Porque las cebollas no sólo tienen más antioxidantes que el ajo, los puerros, lo tomates o las zanahorias, sino que se llevan la palma absoluta en quercitina, ese apabullante antioxidante que ha demostrado efectos antialérgicos, antiasmáticos, antiinflamatorios y que, incluso, ¡¡ayuda a controlar la obesidad porque evita la formación de células grasas!!

Pero eso no es todo, porque las cebollas te aportan compuestos de azufre –¡lo que explica su olor tan fuerte!– que ayudan a reducir el riesgo de varios tipos de cáncer; a controlar los niveles de colesterol, triglicéridos y azúcar en sangre; a prevenir la osteoporosis y mejorar el tejido conectivo e, incluso, a evitar infecciones.

Siempre formando parte de ensaladas, gazpachos, sofritos, estofados, cocidos, guacamoles… las cebollas también pueden ser estrellas principales de tus platos, como por ejemplo:

Unas cebollas asadas con su abrigo que preparé el otro día. Te paso la receta:

  1. Precalienta el horno a 200º C.
  2. Corta las barbas (y la parte dura que hay debajo) de 4 cebollas, dejando casi toda la piel.
  3. Lávalas, sécalas y ponlas en una fuente de horno engrasada.
  4. Pulverízalas con un poco más de AOVE (yo relleno siempre un pulverizador con aceite para estos usos) y alíñalas con sal marina, pimienta negra y unas hojitas de romero fresco.
  5. Hornéalas media hora a 200 º C y luego otros 15/20 m a 230ºC, hasta que se doren y ablanden.
  6. Deja que templen. Puedes tomarlas tal cual o bien servirlas troceadas, con trozos de queso feta o mozzarella y con unas gotitas de vinagre de Módena por encima. ¡Un poco de pan integral tostado, una ensalada verde con nueces, y tienes una cena de lujo!
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