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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

Espeto de sardinas, en un chiringuito de playa

Comer de chiringuito es bueno para el cerebro

Aunque te suene a broma, comer de chiringuito -hablo de los tradicionales, con sus brasas y sus espetos de sardinas esperando turno- puede ser de las mejores cosas que hagas por tu cerebro este verano. El secreto está en los omega-3 de las sardinas y otros pescados azules y mariscos, que son un bálsamo para las neuronas. Lo dicen científicos que han comprobado que esas grasas “esenciales” (los superbeneficiosos omega-3 DHA y EPA) ayudan a prevenir la depresión y la ansiedad, a evitar problemas de memoria e, incluso, a mejorar síntomas de hiperactividad en niños.  

¿Más cosas buenas? Por supuesto, las ensaladas frescas que vienen con el pescado, repletas de fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes… A todo ello se suma la luz del sol, que aumenta aún más el optimismo…. hasta el punto de que (como ha demostrado otro estudio), podemos dejar más propina de la habitual al camarero.

Lo mejor de esos menús es que ayudan a conservar la talla del bañador o del bikini, siempre que no nos pongamos ciegas de pan o nos empeñemos en pedir platos “urbanos”, como hamburguesas con patatas fritas, rebozados o tartas y otros dulces como postre. El melón y la sandía son el postre ideal, incluso con una bolita de helado de vez en cuando.

El tema de las bebidas sí es para tener en cuenta. Hay que evitar al máximo los refrescos azucarados, y, si nos gusta el vino o la cerveza, tomarlos degustando, como mandan los cánones “mindful”, y no para quitar la sed. Por eso es importante apagar la sed primero con agua fresca y luego, pasar al resto de bebidas. Una opción que cayó en el olvido pero que reivindico es el vino con sifón (puede ser agua con gas y puede ser vino blanco o tinto), que no añade edulcorantes artificiales, azúcares ni calorías. Con una rodaja de limón y unos cubitos de hielo es un trago chispeante que refresca a morir.

Y hay más novedades. Por ejemplo, he visto por ahí chiringuitos como el de Joan Escribá, en la playa del Bogatell de Barcelona, que además de parrilladas de pescado y estilosos arroces (como el de espárragos y setas) tiene un huerto ecológico para surtir a su cocina. Y hasta tenemos ahora versiones “de interior”, como el Chiringuito de Pepe, que ha saltado de la cocina de Sergi Roca en Telecinco al Mercado de Abastos de Aranjuez. Sus creadores ya están pensando en franquiciar la idea y trasladarla a otras ciudades… incluidas sus “Noches de chiringuito”, con monólogos y risas incluidas.

¡Larga vida a los buenos chiringuitos! Nos alegran la vida y mejoran la salud… siempre que sepamos pedir.

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