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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

La grasa abdominal, un problema peor que la celulitis

La piel de naranja no es tan mala. ¡Hay otra mucho peor!

Puedes tener un IMC normal (entre 18,5 y 24,9) y ser obesa, y tener un IMC por encima de 25 y no serlo. De hecho, conozco a modelos delgadísimas que fueron calificadas de obesas por los médicos. ¿La diferencia? Su composición corporal -porcentaje de músculo en relación al de grasa- y, aún más, el lugar donde acumulaban la grasa. Y es que la mala/malísima no es la grasa que acumulas bajo la piel, esa de la piel de naranja (¡que, al parecer, tiene incluso efecto protector!), sino la que almacenas en el vientre y que no hay forma de reducir a pesar de las dietas de hambre que haces.

¿Por qué es tan mala? Porque se infiltra en los órganos vitales y actúa como un órgano más, produciendo hormonas que segregan sustancias proinflamatorias. Ya en el hígado, esas sustancias empiezan a mandar mensajes de inflamación a todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, favoreciendo la diabetes, los ictus y ataques cardíacos, la hipertensión, los cánceres, la artritis, la depresión, la propia obesidad… ¡Un enemigo que se autoalimenta, porque cuanta más grasa abdominal acumulas, más riesgo de engordar tienes!

¿De qué te fías entonces? Lo primero es coger el centímetro y medirte la cintura. Si mide más de 83 cm (más de 93 cm en los hombres), ¡cuidado! Está indicando riesgo.

¿Y cómo disminuyes grasa abdominal y cintura?, es la pregunta siguiente. Estas 10 medidas han demostrado ser eficaces:

  1. – Reduce en una hora diaria el tiempo de silla o sofá. ¡Levántate y anda… o baila o pedalea o haz pesas! En cualquier caso, ¡muévete!
  2. – Destierra las grasas trans. Vienen indicadas en las etiquetas como aceites o grasas vegetales parcialmente hidrogenadas.
  3. – Elimina los azúcares añadidos (lee bien las etiquetas) y cambia los dulces por frutas y/o frutos secos.
  4. Busca lo integral. Opta siempre por carbohidratos ricos en fibra (legumbres, pan, pasta y arroz integrales…).
  5. Pon verde en tu plato. ¡Verde! Llena la mitad con verduras.
  6. Reduce al mínimo las grasas saturadas (de origen animal, como la mantequilla o el tocino) y usa solo aceite de oliva virgen extra para cocinar.
  7. Nunca, jamás, sigas dietas yo-yo (dietas de hambre que es imposible mantener a la larga). ¡Son la receta para la obesidad abdominal! (¡Lo saben las modelos de las que te he hablado!).
  8. Duerme al menos 7 horas al día y sigue horarios regulares.
  9. No te resignes al estrés. Respiración profunda, yoga, taichi, relajación progresiva, aire libre… Todas estas actividades pueden hacer mucho por ti.
  10. Date tiempo y relájate. Un fallo no es una derrota. Necesitas tiempo para acostumbrarte a los nuevos hábitos. ¡Piensa que estás mejorando tu aspecto, tu forma y tu salud!

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