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El blog de Marisol Guisasola

Una chica, con depresión

¿Y si tu depresión se debe a tu dieta?

¿Qué comes? ¿Tomas pescados, frutos secos, legumbres, frutas y verduras de forma regular? Si la respuesta es no, tienes más papeletas para desarrollar depresión. Un estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria publicado nada menos que en el ‘British Medical Journal’, concluyó que “no es tanto lo que comes como lo que dejas de comer”.

Aunque las chicas que se pasan la vida contando calorías no lo crean, la depresión puede deberse a falta de nutrientes. Por ejemplo, se ha comprobado que los pescados y mariscos aportan una clase de ácidos grasos omega-3 que son como un bálsamo para las neuronas y ayudan a prevenir la depresión. Frutos secos, verduras, frutas y legumbres te aseguran otros nutrientes (fibra, grasas saludables, vitaminas, minerales) que actúan sinérgicamente para prevenir la inflamación neuronal y del resto de células. En cambio, los alimentos altamente procesados – cada vez más presentes en nuestra alimentación- no son para nada “amigos” de las neuronas ni de las arterias.

Es lógico, si lo piensas. Durante decenas de miles de años, los humanos evolucionamos con una dieta rica en pescados y mariscos, plantas y frutas silvestres, frutos secos, hierbas aromáticas, carnes de animales que vivían en libertad… Tus genes y células “reconocen” esos alimentos y saben utilizarlos en su beneficio. En cambio, llevamos apenas un siglo consumiendo azúcares añadidos, harinas blancas (sin la cáscara o salvado rico en fibra que siempre habíamos consumido) aceites refinados, grasas trans, aditivos y colorantes que jamás antes habían entrado en nuestro cuerpo. Las consecuencias las estamos viendo en forma de enfermedades inflamatorias como la depresión.

“La buena noticia es que siempre es buen momento para empezar”, dice Almudena Sánchez-Villegas, que lideró el estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. “Nuestro estudio comprobó que el riesgo de depresión de los participantes disminuía al poco de comenzar a comer más sano y conseguir los nutrientes que necesitaban. De hecho, vimos que hay un límite o umbral de protección. Una vez llegas a él, no consigues más protección frente a la depresión por ser más estricto con la dieta”.

En resumen: podemos reducir el riesgo de depresión con una dieta sana, suficiente y equilibrada, pero sin obsesionarnos por ser demasiado estrictas. De hecho, tanto rigor y vigilancia pueden ser síntomas de un trastorno de la alimentación.

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