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El blog de Marisol Guisasola

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Por qué deberías comer más boniatos

Nos gastamos una pasta en productos de belleza, aunque sabemos de sobra que el aspecto de la piel y del pelo depende más de lo que ponemos en el interior del cuerpo que de lo que le aplicamos por fuera. Además de dormir lo suficiente, mantenernos hidratadas, sentarnos poco y movernos mucho,  hacer vida al aire libre y seguir una dieta rica en productos frescos, hay alimentos que, por sí solos,  son todo un tratamiento de belleza. Uno de ellos son los boniatos o batatas, que en España compramos en invierno en los puestos de castañas, pero que son originarios de la América tropical y hoy se cultivan en zonas cálidas de todo el mundo.

Tantos nutrientes tienen que muchos nutricionistas los consideran un superalimento. Para empezar,  son muy ricos en betacaroteno, pigmento antioxidante  que les da su color rojizo/amarillento y que el organismo transforma en vitamina A,  esa que ayuda a mantener la piel tersa y el cabello lustroso. Súmales las vitaminas C, E y B y el folato, el potasio y  la fibra que contienen (4 gr por boniato mediano)  y tienes un cóctel de nutrientes que bien podría venderse como producto antiaging. ¿Más virtudes? Que un boniato mediano apenas tiene 110 calorías, frente a las 170 de una patata del mismo tamaño.

Sí, ya sé que los boniatos son ricos en hidratos de carbono y que eso te echa para atrás, pero te animo a reconsiderar tu opinión, por una sencilla razón:  que gran parte de ellos son en forma de fibra vegetal. Como sabes, la fibra no solo te mantiene llena más tiempo, sino que alimenta las bacterias buenas de tu intestino, lo cual mejora aún más el aspecto de tu piel e incluso te ayuda a controlar el peso.

Panellets catalanes, pastissets valencianos o pasteles de boniato en general son dulces de invierno en España, que se añaden a los típicos boniatos asados. Para el resto del año, te propongo este puré de boniato, superfacil de preparar y que puedes servir como guarnición en vez de las típicas patatas fritas. Esta es la receta:

Mete 2 boniatos medianos bien lavados en horno a unos 200 º, hasta que estén tiernos (alrededor de 1 hora). Cuando estén  templados, pélalos y aplástalos en un cuenco con un tenedor. Sazónalos con pimienta negra y nuez moscada recién rallados, jengibre y/o ajo en polvo y un poco de sal marina fina. Añade aceite de oliva virgen extra (AOVE) poco a poco y sin pasarte. Vete probando hasta que esté a tu gusto. Con ayuda de dos cucharas, toma porciones del  puré y dales  forma de croquetas o quenelles. Sírvelas como guarnición de carnes, pescados o el plato que quieras, presentándolas con unas escamas de flor de sal, unas gotas de AOVE  y un poco de perejil picado.


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