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El blog de Marisol Guisasola

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Natural farming: la naturaleza nos educa

¿A dónde llevan los urbanitas a sus hijos los fines de semana? Cada vez más, los llevan al campo, y no es de extrañar. En la era de las pantallas electrónicas, el regreso a la naturaleza está demostrando ser uno de los mejores consejos de salud, tanto física y mental. El periodista Richard Louv, autor del bestseller ‘Last Child in the Woods’ (El último niño de los bosques) ya definió como “trastorno de déficit de naturaleza” la escasa relación de los niños urbanos con el campo. “Apenas 5 minutos de ejercicio “verde”, produce  mejoras en los niveles de felicidad, bienestar y autoestima de los niños”, concluye a su vez un informe de la Universidad de Essex.

Pensando en eso estaba el otro día mientras visitaba la Granja Orgánica de Hacienda Zorita, en Valverdón (Salamanca). Éramos un grupo numeroso, formado por padres, abuelos, hijos, nietos, amigos…y la visita mereció la pena. En un entorno de dehesa -con encinas, alcornoques, romero y jaras- vivían en libertad cerdos pata negra y Mangalica; cabras churras y veratas; búfalas de agua africanas; cigüeñas negras y blancas … “Esto es como un zoo, pero de verdad”, dijo uno de los niños, como quien hace un descubrimiento.

El remate fue la comida en el restaurante Warehouse @ The Organic Farm, que ha desarrollado el concepto de farm to table (de la granja a la mesa). Todos compartimos una cata de quesos, otra de ibéricos y unas verduras o a la brasa, y, para el que quiso,  cortes de carne de cerdo y vacuno de la Dehesa, todo ello de producción ecológica. Como broche, tarta de queso de cabra con crumble de galleta y miel de encina.

Me ha gustado esto del natural farming, un concepto que ya desarrolló en 1938 el biólogo y filósofo japonés Masanobu Fukuoka y que propone la interacción espontánea entre el entorno y los seres vivos, tanto animales como vegetales. Algunos de sus principios eran “no arar”,  “no usar abonos ni fertilizantes”, “no utilizar herbicidas ni pesticidas”, “no podar”…

Además de destinos cinco estrellas, como el de Hacienda Zorita (el propio hotel está en un precioso convento dominico del S.XIV rehabilitado), hay otras formas de vivir lo rural con los niños. Una que les encanta es ir a comer al campo, compartiendo  la comida preparada desde casa. ¡Cuando pienso en mi infancia no puedo recordar experiencias más felices que esas!

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