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El blog de Marisol Guisasola

Dieta mediterránea

¿Conoces a la verdadera madre de la dieta mediterránea?

En España podemos fardar del Estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea). Como pista, diré que no solo fue publicado en ‘The New England Journal of Medicine’, biblia en Medicina, sino que ha sido uno de los trabajos más consultados a nivel mundial en la historia de esa revista científica.

Reconozco que presumo de ser amiga de su impulsor y coordinador, el catedrático de la Universidad de Navarra y profesor visitante en Harvard, Miguel Ángel Martínez González, que ayer me envió su último libro, ‘Salud a Ciencia Cierta’ (Planeta), recién publicado.

Si presumo de amigo es porque es la persona que más ha dado a conocer el papel de la Dieta Mediterránea en la prevención de las enfermedades crónicas (incluida la obesidad) y en la reducción del riesgo de mortalidad. Incluso, por su relación de colega y amigo con el Director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard (profesor Frank Hu), ha ayudado a difundir las bondades de nuestra dieta tradicional en los EE.UU. De hecho, se detecta su mano en las vigentes “Pautas Dietéticas para Norteamericanos”, basadas en investigaciones lideradas por Frank Hu y que publican cada 5 años el Departamento de Salud y la FDA de los EE.UU.

Pero no quería hablarte de eso. De lo que yo quería hablarte es de un capítulo del libro de Miguel Ángel. Se lo dedica a Antonia Trichopoulo, a la que describe como la auténtica “madre de la dieta mediterránea”. Con permiso de Miguel Ángel, resumo lo que dice de ella en el libro, porque aclara montones de ideas equivocadas… como la de que si cocinas con AOVE ya sigues la dieta mediterránea.

Este es un resumen lo que dice el capítulo:

“Antonia y su equipo de la Universidad de Atenas fueron los primeros en elaborar un índice con 8 características que revelan si una persona sigue o no sigue la dieta mediterránea. Cinco alimentos son favorables (verduras, legumbres, frutas, frutos secos y cereales). Dos están consideradas como perjudiciales: productos cárnicos y lácteos. La octava es el alcohol, que solo se considera positivo si el consumo es moderado. A eso, se añade un cociente (proporción) favorable al consumo de AOVE (ácido graso monoinsaturado) frente al de grasas de procedencia animal (ácidos grasos saturados).

Dependiendo de las respuestas, se pueden conseguir de 0 a 8 puntos”.

El autor del libro sigue explicando que, para comprobar cómo influía ese índice en la la salud, Antonia y su equipo realizaron un estudio con 182 personas mayores de 70 años ¿Conclusión? ¡Incluso a esa edad, la mortalidad se reducía a la mitad si se cumplían al menos 4 puntos!

“No basta con decir qué es la dieta mediterránea; también hay que decir qué no lo es”, aclaraban Antonia y Miguel Ángel en el último trabajo que publicaron juntos. “Por ejemplo, el cacao no forma parte de ella, ni los lácteos, ni el café, ni la miel, ni la cerveza, ni la soja, ni la quinoa, ni el aceite de linaza o de coco, ni hay patatas fritas mediterráneas… aunque hoy conozcamos mejor los beneficios de algunos de esos productos”, añade el experto y termina diciendo: “Todo eso son maniobras comerciales”. De eso va el libro y por esa “limpieza científica” me parece tan valioso y recomendable.

Súper alimentos

 

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