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El blog de Marisol Guisasola

¿Cómo dice? ¿Que la lechuga daña más el entorno que el bacon?

¡De piedra me he quedado al leer las conclusiones de un estudio de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU) publicado hace algún tiempo, pero con el que me he topado ahora. “Comer lechuga es tres veces peor que comer bacon en cuanto a emisiones de gas invernadero”, decía el trabajo. Para llegar a esas cuando menos chocantes revelaciones, los investigadores analizaron el impacto por caloría de unos 100 alimentos en términos de coste de energía, gasto de agua y emisiones. Sea como sea, hay que reconocer que sus hallazgos suenan chocantes. Este es un pequeño resumen:

– Independientemente de su efecto en la salud, una dieta solo basada en frutas y verduras puede ser más perjudicial para el medio ambiente que otra que incluya carne, porque los vegetales que consumimos habitualmente gastan más recursos por caloría de lo que la gente cree.

– Por ejemplo, las berenjenas, el apio o los pepinos salen muy mal parados en términos de impacto por caloría si los comparamos con las carnes de pollo o de cerdo. La lechuga, por su parte, requiere muchos recursos, tanto para su cultivo como para su transporte. En cambio, las cebollas, el brócoli y las coles de Bruselas tienen una huella ambiental aceptable.

– Los investigadores no discuten la recomendación de que hay que comer menos carne (el ganado concentra una enorme proporción de las emisiones en el planeta -¡hasta un 51 por ciento, según estudios recientes!- y se sabe que el consumo excesivo de carne, sobre todo de carne roja, es perjudicial para la salud). Concluyen, sin embargo, que una persona que solo comiera los alimentos saludables que recomiendan las autoridades sanitarias (se refiere a los que aconsejan las Guías Alimentarias de los EE.UU.) tendría un impacto mayor en el entorno, aunque redujera el total de calorías.

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Grupos ecologistas y vegetarianos han contraatacado argumentando que “el gasto en agua y energía depende muchísimo de la forma en que se cultiven y comercialicen los vegetales” y que “es irreal comparar las calorías de la lechuga con las de la carne, porque las dietas incluyen alimentos con propiedades y densidades calóricas diferentes y lo que importa es su composición total”.

Aclaran, sin embargo, que “es importante controlar y vigilar los métodos de cultivo y producción de alimentos y tener en cuenta que el terreno puede verse alterado por los hábitos dietéticos de la población”. “Habría que considerar tanto la salud humana como el impacto en el medio ambiente a la hora de establecer recomendaciones nutricionales”, puntualizan a su vez los investigadores.

Mientras vuelvo a replantearme el estudio en su totalidad, tengo que reconocer que esta última frase me suena de maravilla…


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