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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

Por qué las dietas muy bajas en grasas no funcionan

Llevan décadas diciéndonos que, para adelgazar y estar sanas, tenemos que reducir las grasas al mínimo. De hecho, aún circulan por ahí dietas en las que las grasas suponen apenas un 10 por ciento del total de calorías diarias. El problema es que, para compensar la falta de grasas, esas dietas suelen ser muy ricas en hidratos de carbono (azúcares, harinas, almidones …), a menudo superando el 80 por ciento del total de calorías. ¿Consecuencia? Que esa estrategia no funciona ni para perder peso ni para reducir el riesgo de ictus, infartos, diabetes tipo 2 o cánceres. En cambio, estudios recientes indican que las dietas ricas en productos frescos y con un buen aporte de grasas “buenas” ayudan a perder peso de forma sana, entre otras cosas porque son más saciantes y porque evitan tener que añadir hidratos de carbono para compensar.
Este es un resumen de la situación:
Nuestro organismo necesita grasas (hasta el 30 por ciento de las calorías diarias, según los cardiólogos), pero deben ser de las “buenas”, es decir como las del AOVE, los aguacates, los frutos secos y semillas enteras, los pescados azules y mariscos… Esas grasas son indispensables para producir membranas celulares (incluidas las de las neuronas), fabricar hormonas, absorber vitaminas solubles en grasa (como las A, D, E y K) y, en general, para controlar la inflamación crónica y reducir el riesgo de muchas enfermedades, tanto mentales como físicas.


Hay eliminar totalmente de la dieta las grasas trans porque son nocivas en cualquier cantidad. Lamentablemente, todavía están presentes en muchos productos procesados. Vienen indicadas en las etiquetas como “aceites vegetales parcialmente hidrogenados”.
Las grasas saturadas aumentan los niveles de colesterol LDL (el “malo”) y debemos reducir su consumo. Están en productos grasos de origen animal, como carnes, embutidos, tocino, mantequilla y otros lácteos ricos en grasa.


Como comprar sano es sinónimo de comer sano, te animo a que vayas a la compra con estas 5 ideas en mente:

 

1. Al adquirir productos procesados, lee bien las etiquetas para ver qué ingredientes contienen y en qué proporción.
2. No escatimes en aceite. La diferencia de precio entre un buen AOVE y otro aceite de baja calidad en cada ración es mínima.
3. Procura tomar pescado azul un par de veces por semana. Te asegura las grasas omega-3 que tu cerebro y el resto de tu cuerpo tanto necesita.
4. Los frutos secos y las semillas enteras son un fantástico cóctel de fibra, minerales, vitaminas y grasas saludables. Un puñado de unos 30 gr es uno de los tentempiés más saciantes y sanos.
5. Compra sobre todo alimentos frescos, de estación y, a ser posible, de producción local. Son los productos más ricos en nutrientes y más pobres en pesticidas, conservantes y otras sustancias perjudiciales.

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