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Caperucita en Manhattan

El blog de Laura Ruiz de Galarreta

¿Estamos agotadas?

Agotadas

Estamos exhaustas. Pilar Benítez nos lo confirma en su libro Mujeres agotadas y cómo dejar de serlo’. Este sábado conmemoramos el Día internacional del Libro y se me ocurre que ésta puede ser una perfecta recomendación.

Mujeres agotadas y cómo dejar de serlo, de Pilar Benítez

En primer lugar, porque la autora nos ofrece algunas claves para aliviar este problema tan cotidiano que se está convirtiendo en la epidemia de Occidente. Pero sobre todo, porque se trata de llamar la atención sobre una realidad que tiene que cambiar. Tiene que cambiar o acabará con nosotras.

“Pero Martaaa, cuánto tiempo sin saber de ti, ¡qué alegría que me llames! ¿Cómo estás? Sí, yo también estoy agotada, la verdad”.

“¡Perdonadme chicas, llego tarde, ¿cómo estáis? Yo, agotada”.

“Sí, ya lo sé, ya sé que habíamos quedado en vernos en la clase de spinning y te he dejado colgada, pero es que estoy agotada”.

“¿Fin de semana en Granada? Sí, suena muy bien, pero no lo sé cariño. Déjame pensarlo, ahora mismo estoy agotada”.

“Estuvo muy bien la fiesta, un fiestón, pero yo estaba tan agotada…”

 

Agotada, agotada, agotada. Estoy agotada. 

Claro, teniendo en cuenta que las mujeres dormimos poco y de forma muy superficial y en cualquier caso nunca lo suficiente, no hacemos el ejercicio que debiéramos (no, esperar en el banco mientras los niños juegan en el parque, pasear mirando escaparates cuando vamos a recogerlos al colegio y bajar la basura los martes y los jueves no cuentan), nos saltamos con frecuencia las revisiones médicas, no nos sentamos para comer salvo cuando nos invita el jefe y para desayunar o cenar ni en sueños y asumimos el 95% de las responsabilidades familiares y del hogar que compaginamos con nuestro trabajo de aquella manera… ¿cómo no vamos a estar agotadas? ¡Pero si me agoto solo al recapitular!

Hubo un tiempo en el que llegué a soñar con irme de vacaciones sola, a un sitio en el que nadie me conociera, un mundo sin explicaciones ni compromisos ni cubitos y palitas de playa, sin rimmel ni planchas de pelo. Sobre todo, un lugar sin cobertura. Y puestos a delirar, un paraíso en el que ya no me tentarían los triskys de la máquina de la oficina porque lo único que me apetecería comer sería quinoa, salmón y zumo de col rizada, aguacate y espirulina… Y no habría existido nunca la palabra pilus, ni por tanto sus derivados, como depilar, depilación o depilatorio… Un momento, vuelvo al tema, que esto se me está yendo de las manos.

No soy la única, varias amigas me confesaron compartir mi fantasía. Pero, si nuestra más anhelada ilusión se asemejaba a una clínica psiquiátrica de habitaciones blancas e insonorizadas, cubiertos de plástico y ventanas blindadas, ¿dónde quedaba entonces el disfrutar de la vida?

El libro de Pilar Benítez ofrece interesantes consejos para que las mujeres encuentren su ‘centro’ a nivel físico e intelectual. Afrontar las cosas de otra manera, observar el mundo desde otra perspectiva, tratar de encontrar la fórmula para organizarnos mejor y sentirnos más sanas y felices. No está nada mal.

Pero no me resigno. Los problemas cotidianos, las prisas, la multitud de tareas… el hecho de que asumamos todas las responsabilidades y que el mundo no espere nada menos de nosotras, la autoexigencia permanente, el afán por ser la madre e hija perfecta, la gran profesional, la mejor pareja y, sí, incluso tratar de ver de vez en cuando a nuestras amigas para descubrir que están mucho más delgadas que yo y les ha dado tiempo hasta a hacerse la manicura… es realmente el origen de todo este agotamiento, del estrés y el insomnio, de que seamos las principales consumidoras de ansiolíticos y antidepresivos.

Bienvenidos sean todos los remedios para paliarlo aunque suponga rascar más minutos de nuestra ya larguísima jornada para incluir el deporte, el mindfulness, un masaje de pies o la cita con el psicólogo. Llamémosle atención consciente, conciencia plena o empezar a pasar millas. Este mismo sábado puede ser un buen momento para empezar, ¡pongamos remedio antes de acabar agotadas en ese paraíso de paredes blancas!

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