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Que así sea

El blog de Marian Frías y Gon Campos

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El Payaso Alquimista

Recuerdo esa mañana como si fuera la de ayer. Me desperté corriendo y, todavía medio dormido, comencé a romper agitado el papel de regalo que envolvía una caja con mi nombre. Mi carta a los reyes magos de 1986 sólo incluía una cosa, que ansiaba más que nada en mi pequeño mundo de fantasía, y que finalmente tuve entonces en mis manos: un juego de alquimia. Era en realidad un rejunte de instrumentos de magia –una chistera, una varita, un par de pañuelos de colores–, y pequeños frascos con polvos, unos tubos de ensayo, gafas y guantes de protección. Poco más. Con ocho años tenía la ilusión de aprender a transformar cualquier metal en oro.

Pasaron ya más de treinta años y debo reconocer que, como seguramente os imagináis, no he conseguido fabricar oro. Lo que sí he conseguido en cambio es apasionarme por la idea en la que se basa la alquimia; aquello que aparentemente no vale puede convertirse en algo precioso. Y subrayo convertirse porque, en mi experiencia, esto es lo que cambia todo. Como si fuera una ley superior e inevitable en esta loca aventura de crecimiento y aprendizaje que es vivir. Yo me imagino a un señor, con un peculiar sentido del humor, allí arriba enviándonos situaciones “particulares” para ver qué hacemos con ellas. Una especie de Payaso Alquimista que, debido a su profesión, bien sabe que relativizar nuestras penas es el primer paso para transformarlas.

¿Llevas fatal la incertidumbre? Pues el Payaso Alquimista te manda dos o tres situaciones para que puedas aprendas a confiar, para que practiques. Tu jefe no te dice nada del cambio de vacaciones que le has pedido, el albañil que se comprometió a reformarte el baño no da señales de vida y tu hijo adolescente está aún más hermético de lo habitual, sabes que le ocurre algo –aunque no qué–, le preguntas, pero él pasa. Todo en la misma semana. Y así seguirá nuestro Payaso Alquimista, enviándonos simpáticos eventos, hasta que nosotros mismos nos convirtamos en alquimistas, hasta que transformemos esas situaciones en algo con valor, que nos enseñe y nos sirva.

Querer controlar aquello que no podemos controlar, la mayoría de las veces, está en el núcleo del sufrimiento que acompaña la incertidumbre. Asumamos y aceptemos que hay cosas que no está en nuestra mano cambiar y que hay otras muchas que sí. Igual podemos elegir otro albañil, o buscar maneras creativas y sinceras de expresar (que es muy distinto a exigir) nuestra necesidad de planificación a nuestro jefe, o de amor a nuestro hijo. Cuando podemos ver el corazón de la persona que nos pide algo es más fácil que le atendamos. Lo mismo pasa cuando logramos comunicar aquello que nos gustaría, como una petición honesta y no como una demanda. Así es más fácil que nos escuchen.

¿Te gustaría ser una persona más amable, más dulce, con mejor carácter? ¿Te gustaría mejorar tus relaciones, del tipo que sean? ¡Pídele al Payaso Alquimista! Y prepárate para encontrarte con momentos en los que tus criterios más rígidos confrontarán con modos muy distintos de hacer y de pensar de la gente que te rodea. Esos momentos son metales que puedes transformar en oro y adquirir riqueza eterna.

Aunque, digo yo ¿existirá alguna otra manera de conseguir el oro saltándome el laborioso proceso de transformación? Una vez le pregunté esto al Payaso Alquimista. ¿Qué creéis que respondió? Me miró, sonrió y me dijo: “Eso que tú quieres, querido Gon, es lo que hacían en la antigüedad mis amigos los duendes. Ellos iban repartiendo oro por todas partes. ¿Pero sabes qué ocurrió? Pues que con el tiempo el oro se acabó y los duendes se extinguieron. Ahí fue cuando aparecí yo. Desde entonces ayudo a que las personas puedan alcanzar todo el oro con el que sueñan, sin límites. Sólo necesitas convertirte en alquimista”.

Termino con un texto precioso de un gran maestro de esta disciplina, que se llamó Giovanni di Pietro Bernardone, y que hoy conocemos como San Francisco de Asís. El escribió que anhelaba transformar:

“El odio en amor,
la ofensa en perdón,
la discordia en armonía,
el error en verdad,
la duda en fe,
la desesperación en esperanza,
las tinieblas en luz,
la tristeza en alegría”.

Hay riqueza escondida en cualquier situación que atravieses. Transfórmala. Utiliza tu alquimia.

Te mando amor.

Gon Campos


Además…

Escúchame bien: tienes talento
Enamórate de tu singularidad
Tratarme como un objeto precioso me hará más fuerte

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