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Que así sea

El blog de Marian Frías y Gon Campos

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Saca el chamán que hay en ti

¿Sufrir el inevitable saqueo y exterminio de nuestra civilización o escapar con la esperanza de sobrevivir?

Esto último fue lo que finalmente decidió el pueblo Q´eros, descendientes directos de los incas, que consiguieron así preservar y transmitir, de generación en generación, su tecnología y sabiduría centenarias. Escondidos en lo alto de la montaña, en Ausangate, a unos cien kilómetros al sureste de Cusco, en Perú. A cuatro mil quinientos metros de altura, con poco oxígeno, lejos de tierras fértiles pero lejos también de las garras del Conquistador. Y así estuvieron quinientos largos años, anónimos, esfumados, evitando cualquier tipo de contacto fuera de su comunidad, hasta mediados del siglo pasado. La leyenda cuenta que recibieron instrucciones específicas: ha llegado el momento de compartir vuestros conocimientos y forma de vivir con quien quiera escuchar.

Hace tiempo tomé la decisión de escuchar, todo y siempre. Luego ya filtraré lo que me resulte útil en cada momento de lo que no. Caminando por los Andes peruanos, observando y conversando con habitantes originarios de esas tierras, me hacía la misma pregunta varias veces al día: ¿cómo puede esta gente tener tanta energía? ¿De dónde sacan las fuerzas?

Les ves caminando montaña arriba, montaña abajo, señoras octogenarias cargadas en sus espaldas adelantándote a toda velocidad en medio de una cuesta. De verdad ¿cómo lo hacen? “Me encantaría aprender a vivir así, con esa vitalidad y salud”, me repetía. Pues por fortuna hoy podemos conocer, podemos “saber” (siempre que queramos saber, claro). Un chamán es eso precisamente, la palabra de origen siberiano significa “el que sabe”. ¿El que sabe qué? Pues el que sabe cómo aplicar en su vida aquello que le hace bien, y que entiende que forma parte de un todo, que está íntimamente conectado con todos los seres que poblamos este planeta. Hay muchas cosas que esta gente “sabe”, yo he elegido contaros una que en mi experiencia ha sido muy poderosa. Son dos partes de un mismo eje, son hábitos que me ayudan –cuando los practico–, a vivir con más ganas y con más energía.

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Recibir.

La vida nos regala energía. Los Q´eros dicen que la recibimos fundamentalmente, aunque no solo, de las montañas, que cumplen una función proveedora, y que ellos llaman Apus. Mientras dormimos, con cada ciclo de nuestra respiración, inhalamos prana, energía vital, que en Oriente también denominan Qi. Recibimos energía de sobra para nuestras actividades de la siguiente jornada. Es como si durante la noche nos dieran mil euros para pasar el día. Supongamos que te despiertas a las siete de la mañana y te vas a la cama cerca de medianoche. Mil euros para gastar en diecisiete horas. Bien ¿no? Lo que ocurre es lo siguiente. Abres los ojos y desde la cama, antes incluso de poner un pie en el suelo, piensas: “Uff, qué pereza, otra vez a verle la cara al insoportable de mi jefe” (compañera, vecino, familiar, quién sea). Dependiendo de la intensidad y duración del pensamiento, pues te “gastas” más o menos. Te levantas, vas al baño y te miras en el espejo: “Qué cara, Dios mío. Cada vez se me notan más las patas de gallo” (marcas de expresión, grano, ojeras, ya ves por dónde voy). Sales a la calle y está lloviendo, o hace más frío, o más calor del que te gustaría. Notas cómo te sigue bajando el ánimo. Conduces y de camino al trabajo te intenta adelantar un coche por la derecha. Le pitas y pisas el acelerador. Te suben las pulsaciones, aumenta tu temperatura corporal, tu cuerpo reacciona al mensaje que le ha dado tu mente: estás en peligro, alguien puede hacerte daño. Sientes el desgaste.

Llegas a tu trabajo y ya se te han ido, más menos, unos quinientos euros de los mil que tenías. Prueba a leer el periódico, hablar de política, criticar, comer mucha azúcar y verás que antes del mediodía ya no te queda nada. Es normal que así lleguemos sin energía a la tarde-noche. Lo primero que hacen aquellos que saben cómo mantener sus fuerzas es detectar dónde las pierden y, sencillamente, alejarse todo lo posible de esas prácticas. ¿Dónde se te van a ti?

Soltar.

Yo creo que por más entrenados que estemos y por más intención que pongamos en detectar dónde perdemos energía, aun así, al menos una parte, se nos escapará inexorablemente. Es lo que tiene ser humano. La clave para los Q´eros es, de nuevo, saber. Conocer-te. Estar despierto, poner consciencia. Esto es lo que hará que mantengas tu energía. Martín Lutero decía que no podemos evitar que los pájaros vuelen encima de nuestra cabeza, pero sí que hagan nido. En el momento en el que notes que algo está comenzando a desgastarte, justo en ese instante, suelta. Deja, no alimentes, ya sea un pensamiento, una conversación o lo que fuera. En cada ocasión que se te presente puedes elegir entre tener razón o tener energía libre disponible para vivir tu día con salud, fuerza y humor. Es tu responsabilidad.

Comprueba tu nivel de energía por la mañana al pensar: “es verdad que mi jefe es insoportable, pero también es verdad que soy afortunad@ por poder tener un trabajo. Además, digo yo, este señor seguro que a alguien le cae bien. Igual hay partes de él que no estoy viendo”. “Tengo patas de gallo, y tengo además, justo al lado, unos ojos curiosos que quieren seguir creciendo, cumpliendo años y viviendo la vida a tope”. “Cuando llueve la gente se pone más tensa al volante, elijo tomarme esta mañana para ir a otro ritmo. Y qué bueno que llueva de vez en cuando”.

Aquello que me pesa, que me sobrepasa, que me carga, con intención y foco lo suelto. Los Q´eros lo entregan a la tierra, a la Pachamama, que como buena madre que es lo recibe, transmuta y devuelve en forma de energía vital, que sube a través de las montañas. Y los Apus proveedores durante la noche, mientras dormimos, la soplan valiéndose de los vientos, para ayudarnos a vivir con ánimo la vida que hemos venido a disfrutar a este planeta. En plenitud, belleza y natural perfección. Los pueblos de los Andes llaman Ayni a esta relación de cooperación y reciprocidad.

Qué simple y práctico ¿verdad? Cuánta sabiduría hay la sencillez.

Te mando amor.

Gon Campos


Además…

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Enamórate de tu singularidad
Tratarme como un objeto precioso me hará más fuerte

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