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Que así sea

El blog de Marian Frías y Gon Campos

Bizcocho

Silencio con bizcocho

De vuelta estamos aquí, el verano está llegando a su fin. Hoy llueve a cántaros. Te cuento mi verano.

He dedicado gran parte de mi tiempo, a practicar el silencio, meditar, mudarme y hacer bizcochos. Parecen cosas un poco dispares para estar en la misma línea, como si no tuvieran nada que ver, o por lo menos eso a mí me parecía hasta hace no mucho tiempo. Estar en silencio y hacer bizcochos han sido para mí grandes maestros últimamente.

He disfrutado parte de mis vacaciones, en un Retiro de meditación Vipassana. Siete días en voto de silencio y meditación. Dieta vegetariana y détox de móvil y tecnología. Ni siquiera un libro para leer, sólo un cuaderno y un bolígrafo. Ropa cómoda, esterilla, manta y cojín de meditación. Desde las 6.30 de la mañana que me despertaba el sonido de una campana, hasta las 11.30 de la noche que me metía en la cama, pasaba el día con una rutina de meditación. Meditación sentada, una media de ocho horas. Meditación caminando a cámara lenta otras tres horas. El resto descansando sin hacer nada, contemplando los jardines y escribiendo en mi cuaderno. Antes de dormir pasábamos unas 3 horas escuchando las enseñanzas del Venerable Zopa, un monje budista y un tío estupendo.

Marian Frias con un monje budista

Tal y como describo este retiro, parece duro, y probablemente lo sea, pero sólo lo es, aparentemente. El silencio es retador, pero un auténtico regalo. Se ha demostrado que dos horas de silencio al día cambia nuestro cerebro. Nos volvemos más sanos, listos y felices.

Regalarme estás vacaciones diferentes, este retiro también me ofreció la oportunidad de estar con gente sin tener que hablar y escuchar, tener conversaciones, caer bien, ocuparme de las necesidades de los otros. Estar sin móvil y en un convento, ha sido un auténtico lujo transformador.

Esos siete días fueron una forma de alimentar mi alma de paz y mi mente de claridad, cosas que iba a necesitar para lo que dicen que es una de las experiencias más estresantes por las que una persona puede pasar: una mudanza. Junto con los duelos, las pérdidas de trabajo y las separaciones, UNA MUDANZA es un evento considerado de los más estresantes que podemos vivir. Yo prefiero llamarlo evento movilizador. Mudarse es, como dice mi amiga Liz, mudar tu danza a otro lugar. Pues eso he hecho. Danzar hacia otro lugar.

Por suerte, hemos recibido amigos y familia cada día desde que nos mudamos, hace ya casi un mes, maravilloso y cansado también. Eso me ha animado a meterme en la cocina. Me gusta mimar a mis seres queridos, y me apetecía hacerlo de una forma fácil. Hacer Bizcocho (que además lo suelo preparar en silencio y concentrada con las medidas e ingredientes).

Me he animado a probar cada electrodoméstico nuevo de mi nueva casa, y ahora estoy con el horno. Practicando recetas. Ahora según escribo puedo oler el que está en el horno. Hoy bizcocho de higos, coco y nueces. 

El bizcocho y el silencio me están enseñando a esperar, a dejar reposar y respetar los ritmos

A saber, que cada cosa lleva su tiempo y que hay que confiar en que todo va a ir bien. Permitirse probar a hacer cosas no nuevas (ya había hecho bizcocho y algún retiro de silencio) aunque sí desconocidas y olvidadas. Las prisas hicieron que mi primer bizcocho no subiera. Espera un momento, me salta la alarma del móvil para abrir el horno.

Ya estoy aquí. Huele de maravilla, pero creo que se me ha pegado un poco, me olvide de poner aceite y harina en el molde. Pero este es un gran aprendizaje bizcochero: las cosas no siempre salen perfectas. Poco a poco se mejora.

Mis primeros días de meditación no eran tan perfectos como me hubiera gustado. Me distraía con facilidad por ejemplo viajando en el tiempo y adelantándome a cómo iba a decorar QueAsíSea Home. También me dolía bastante el coxis y la rodilla derecha. Pero también de repente estaba en silencio y escuchaba la paz. Y alguna tarde olía lo que estoy oliendo ahora. El bizcocho de las monjitas que nos hacían para merendar.

Así que está es la forma en la que he descubierto que quiero pasar por lo menos esas dos horas al día despierta en silencio sin tecnología, meditar y hacer bizcochos. ¿Para qué pensarás? Te respondo: para seguir caminando a mí, a casa, a ese hogar que tiene estufa y olor a bizcocho.

Marian Frías

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