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Espía en Hollywood

El blog de La espía

Actress and singer Jennifer Lopez, left, and Alex Rodriguez at the "World of Dance" presentation on Tuesday, Sept. 19, 2017, in West Hollywood, Calif.

J-Rod, la nueva ‘power-couple’

Hollywood está en estado de pánico. Cada mañana, sus estrellas, productores, directores y demás mandamases se levantan preguntándose quién será el siguiente. El goteo no cesa. Solo en los dos últimos días, otro actor ha acusado a Kevin Spacey de intento de acoso sexual, mientras Netflix ha cancelado la producción de House of cars hasta nueva orden y los representantes del actor han anunciado que Spacey está “buscando tratamiento”. Pero hay más. Al menos seis actrices, entre ellas Olivia Munn, han compartido sus propias historias de terror a manos del productor y director Brett Ratner, el actor Jeremy Piven, estrella de Entourage, ha sido públicamente acusado de acoso por una actriz y una mujer que trabajó con Dustin Hoffman cuando tenía 17 años describe con pelos y señales (porque guardó un escrupuloso diario personal) el cuestionable comportamiento del actor hacia ella durante un rodaje en los años 80.

Es desolador y no ha hecho más que empezar. También es absolutamente necesario si queremos que algo cambie (y no solo en Hollywood). Pero hoy, si os parece, podemos cambiar de tema y disfrutar de algo más divertido e insustancial. Por ejemplo, esa (gloriosa) portada de la edición norteamericana de Vanity Fair en la que Jennifer Lopez y Alex Rodriguez posan para Mario Testino, destilan glamour a raudales y cuentan hasta el último detalle de una relación que, en realidad, comenzó hace solo ocho meses.

Se conocieron, han contado ahora, en un restaurante de Beverly Hills, se intercambiaron los teléfonos y quedaron para cenar unos días después. Él no sabía que era una cita; ella esperaba que sí lo fuera. Al final de la noche, las dudas se habían despejado. Empezaron a salir en marzo, en mayo estrenaron alfombra roja en la gala del MET y conocieron a sus respetivos hijos (los de Lopez con Marc Anthony y los de Rodriguez con su ex mujer, Cynthia Scurtis). Y desde entonces, no han pisado el freno. De hecho, ya viven juntos en una impresionante mansión en Bel Air que la actriz compró en 2016 por 28 millones de dólares.

“Somos como gemelos. Los dos somos Leo, los dos somos de Nueva York, los dos somos latinos y otras 20 cosas más”, cuenta él de ella. En otra entrevista previa, ella había dicho de él: “Estoy en una buena relación. Siento que puedo decir eso, quizá, por primera vez en mi vida. Y no es que no haya tenido buenas relaciones, llenas de amor y aventura, pero esta es la primera relación en la que siento que realmente nos hacemos mejor el uno al otro. Nos complementamos y hay amor puro, amor verdadero, entre nosotros”.

Es una romántica incurable. Siempre lo ha dicho: estar sola es su mayor miedo. Quizá por eso, ha encadenado una relación con otra desde que el mundo es mundo y nada, ni si quiera sus tres divorcios, un cataclismo amoroso y mediático con Ben Affleck (que canceló su compromiso después de meses preparando su boda) y una inestable relación de seis años con el bailarín Casper Smart (18 años más joven que ella), le han arrebatado su fe en el amor. Rodriguez, que aunque está retirado sigue siendo el jugador de béisbol mejor pagado de la historia, también tiene su propio historial amoroso. Su affaire con Madonna dinamitó su matrimonio, que acabó en divorcio en 2008. Después, ha tenido relaciones, más o menos serias, más o menos duraderas, con Kate Hudson, Cameron Diaz, la modelo Torrie Wilson y la ejecutiva de Silicon Valley Anne Wojcicki.

Ahora, J-Lo y A-Rod se han encontrado y quieren contárselo al mundo. Aunque lo más curioso de todo es que J-Rod (como sagazmente los bautiza la publicación) no utilizan esta portada para promocionar sus carreras, una película nueva o el lanzamiento de un disco, como suele ser la norma. Si no para promocionar su relación, su redención personal (pero en pareja) y su potencial como power-couple. Marc Anthony, ex de la actriz, da por hecho que se casarán más pronto que tarde: “Espero estar invitado a la boda”.

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