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Espía en Hollywood

El blog de La espía

Honoree Julianne Moore aHends tH Museum of Modern Art's 10th annual Film Benefit, presented by Chanel, on Monday, Nov. 13, 2017, in New York.

Homenajeando a Julianne Moore

Ningún gremio es tan dado a los homenajes como el de los actores. Cualquier excusa es buena: un modesto premio en el festival de turno, un galardón benéfico, una gala tributo a toda una carrera, un resplandeciente Oscar… El autobombo es parte del juego de Hollywood y una buena forma de vender películas. Eso sí, hay homenajes y homenajes; homenajeados y homenajeados. Y Julianne Moore se ha ganado el suyo a pulso. Ayer, cuando las puertas se cerraron a las hordas de turistas, el Museo de Arte Moderno de Nueva York desplegó la alfombra roja y acogió la gala anual Film Benefit, que este año reconocía la trayectoria de la actriz. Por allí pasaron compañeros de profesión como Tom Hanks, Tilda Swinton, Elizabeth Banks o Alec Baldwin, y directores de cine, como Quentin Tarantino o Kathryn Bigelow. Kristen Stewart, que definió a Moore como “su madre del trabajo”, le dedicó un emotivo discurso.

La suya ha sido una carrera de fondo. Empezó haciendo teatro (y hasta telenovelas), se curtió en la dura escuela del personaje secundario y terminó construyendo una trayectoria plagada de títulos de culto, como Magnolia o El gran Leboswki, cuatro nominaciones al Oscar (Boogie nights, Las horas, Lejos del cielo o El fin del romance) y la estatuilla que ganó hace dos años por interpretar a una enferma de Alzheimer en Siempre Alice. Pero quizá más importante que su filmografía es su reputación. Nadie en Hollywood habla mal de ella. Al contrario. Es famosa por no tener manías de diva, por no tomarse a sí misma (o a su profesión) demasiado en serio y por no ejercer jamás de estrella. Puede que el secreto sea que nunca ha vivido en Hollywood y lleva una existencia bastante mundana y absolutamente discreta junto a su marido, el director Bart Freundlich, y sus dos hijos en Nueva York.

Moore es, además, una comprometida activista, mucho antes de que eso se pusiera de moda. Defensora de los derechos de las mujeres, votante declarada de Barack Obama y ferviente seguidora de Hillary Clinton en las últimas elecciones, ahora su cruzada personal es el control de armas. Por eso, en el protocolario discurso del homenajeado no se quiso olvidar de Donald Trump. “Estamos viviendo en tiempos muy difíciles en los que nuestra humanidad está siendo amenazada y minusvalorada por un líder que continua menospreciándonos, ignorándonos y reprendiéndonos a todos. Nuestra negativa a aceptar este comportamiento es normal”. Como tampoco se calló y llamó a las cosas por su nombre cuando estalló el escándalo Weinstein. “Creo que es realmente importante que, cuando hablemos de este tema, no nos refiramos a él como a un comportamiento grosero, sino delictivo. Espero que sea procesado por algunas de las cosas que ha hecho. Y confío en que algunos de los cargos no hayan prescrito”.

Como todo en el negocio del cine, el momento de su homenaje no es casual. Moore está en plena promoción de sus dos últimas películas: Suburbicon, dirigida por George Clooney, y Wonderstruck, de Tood Haynes. De hecho, podría incluso aspira a una nueva nominación al Oscar por su papel secundario en esta última… Sería la sexta. Quizá el homenaje haya llegado demasiado pronto porque la leyenda de Julianne Moore no ha hecho más que empezar…

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