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Anya-Taylor-Joy

Anya Taylor-Joy: está naciendo una estrella

Hollywood ya tiene a su “next big thing”. O lo que es lo mismo, a la próxima súper estrella en ciernes. Se llama Anya Taylor-Joy, tiene 21 años y está llamada a ser una de esas actrices omnipresentes que monopolizan la cartelera durante un par de lustros. Aunque su gran año será 2019 (todos sus proyectos se estrenarán de golpe), ya es hora de ir descubriéndola…

Tiene una historia interesante… La más joven de seis hermanos, Taylor-Joy tuvo una infancia poco convencional. Nació en Miami por pura casualidad (y eso le garantizó el pertinente pasaporte americano), pero pasó sus seis primeros años de vida en Argentina. Cuando estalló la crisis y se impuso en corralito en el país, sus padres (un banquero retirado mitad escocés mitad argentino y una fotógrafa y diseñadora de interiores mitad española mitad británica) decidieron mudarse a Londres.

Allí, le costó encajar desde el principio. No se sentía ni argentina ni inglesa y no dominaba el idioma, aunque acabó aprendiéndolo leyendo las novelas de Harry Potter. Y con 16 años, decidió que quería ser actriz. Escribió una convincente carta a sus padres y ellos le apoyaron cuando decidió dejar el colegio. Empezó probando suerte como modelo porque tenía una belleza particular. Sus grandes ojos le habían costado algunas burlas en el colegio, pero ha sido precisamente su expresividad la que ha diferenciado a Taylor-Joy de decenas de chicas de su edad que aspiran a conquistar Hollywood. Sabe aguantar muy bien un plano corto y no todo el mundo puede decir lo mismo. Quizá por eso, se ha convertido en una musa del cine de terror.

En realidad, ese nunca fue su plan. De hecho, se presentó al casting de Maléfica para interpretar a la versión adolescente del personaje de Angelina Jolie, pero Elle Fanning terminó llevándose el gato al agua. Poco después, consiguió uno de los papeles protagonistas de The Witch, una perturbadora película de terror que le robó el anonimato y le convirtió en la nueva actriz fetiche del género. Su siguiente trabajo fue el thriller psicológico Múltiple, donde daba vida a una de las rehenes de un hombre con un trastorno de personalidad múltiple que interpretaba (magistralmente) James McAvoy.

Su corta, pero intensa filmografía incluye un pequeño papel en Barry, la película sobre cómo se conocieron los Obama, otro en Morgan, dando vida a una “humana sintética” junto a Kate Mara y la cinta El secreto de Marrowbone, ópera prima del cineasta español Sergio G. Sánchez. Todos estos méritos le valieron una nominación en la categoría de “estrella emergente” en los premios BAFTA de 2017, que se acabó llevando Tom Holland.

Por eso, su agenda está repleta de compromisos en los próximos meses. Se pondrá en la piel de la hija de Marie Curie en un biopic sobre la científica, será la protagonista de Nuevos mutantes, el spin-off de X-Men, y el año que viene estrenará Glass, la secuela de Múltiple, de nuevo junto a James McAvoy. Además, tendrá un papel en el esperado remake de Nosferatu y otro en The sea change, un drama dirigido por Kristen Scott Thomas. Por eso, ahora mismo lleva una de esas vidas nómadas que transcurren entre habitaciones de hotel, sufre jet-lag permanente y el año pasado solo tuvo cuadro días de vacaciones. Nadie dijo que ser una estrella emergente fuera un trabajo fácil…


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