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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Rusia y Lady Macbeth

Idiomas dispares

No me entiende. Lo he intentado de todas las maneras posibles, con maullidos, con cabezazos, con aullidos insistentes, con sutiles insinuaciones, pero esta mujer no me entiende. Una pensaría que después de diez años viviendo en la misma casa habríamos pactado un lenguaje común, una complicidad, un ten con ten… pero no. Hay mañanas en las que me despierto de madrugada, a eso de las once, y de pronto todo el peso del día se precipita sobre mis orejitas. Me desperezo, contemplo cómo mi hermana Rusia sale disparada tras una pelusa huida de una facción pelusil disidente y me preparo para una dura jornada mas de incomprensión entre especies.
Me planto ante ella y, para mi sorpresa, no deja lo que está haciendo para acariciarme. Clavo la mirada en su ordenador con insistencia, con el muy sincero deseo de que se desintegre, pero eso tampoco ocurre. No me queda más remedio que interponerme entre ella y ese maléfico competidor.
-Aparta, gatita -me dice, y me intenta mover hacia la derecha.
¿Aparta, gatita? Opongo toda la resistencia posible, y logro que mis cinco kilos felinos se conviertan en un bloque compacto anclado al escritorio, como si yo hubiera estado allí siempre. Mamá me mira, y yo parpadeo, adorable.
– Sí, eres una monada, pero ahora no puedo hacerte caso.
Ahora es una palabra que emplea mucho, y que no acabo de comprender del todo. ¿Qué es ahora? ¿Hay algo que no sea ahora? Bajo la cabeza, la meto bajo su mano, que teclea a toda velocidad, piso el teclado y vbnsik fwujkd fa uikd.
-Gatita, por favor.
Obviamente, hay que sacar la artillería pesada. Retomo mi posición frente al ordenador, doy dos cabezazos de advertencia y maúllo. No un maullido edulcorado, pero tampoco una súplica. Ese matiz de maullido irritante, imposible de pasar por alto, ññññau, ñaaaau. ÑAUUU. ÑAUUU.
-¿Pero por qué lloras? ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?
Bueno, al fin un principio de entendimiento. Quiero sumisión absoluta, quiero ser adorada, quiero que cada uno de mis caprichos sean atendidos incluso antes de haber sido formulados, quiero todo el espacio tridimensional a mi alcance y parte del bidimensional, quiero un cepillado, pero no muy intenso, caricias, pero solo cuando me apetezca, un poco de juego pero no lo suficiente como para cansarme, y quiero…
-¿Qué quieres? ¿Latita?
Qué frustrante. Aspiras al dominio universal y te ofrecen una simple latita. Pero en fin, por algo se empieza.
-Es sorprendente lo bien que se hacen entender estas gatitas… -murmura mamá, mientras se dirige a la cocina.
– Ñau.

 

Galería gatitos


Además…

Nervios de acero

Desde lo alto

Sofisticación

 

 

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