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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

lady macbeth

Drama

Comienza a hacer calor, y eso supone que debo ir preparando mis dramas para el verano. El sol se eleva un poquito más cada día, la luz entra cálida y vertical en nuestros aposentos, y pronto habremos soltado ya todo el excedente de pelo, y podremos rehuir todos los espacios que antes buscábamos para encontrar los más fresquitos y oscuros. Los humanos creen que eso es una mera cuestión de instinto, que extendemos la zarpa en el aire, calibramos la temperatura y la humedad y obramos en consecuencia. Todo muy sencillo.

En realidad, es así, no vamos a mentir. Pero si algo nos gusta a las gatas de esta casa es complicarnos la vida. Por supuesto que Rusia podría no trepar por las estanterías, y obviamente Ofelia podría limitarse a dormitar en lugar de dar clases de cuántico felino por telepatía, y claro que yo podría dejar que pasaran los días, uno tras otro. Eso sería lo fácil. Yo necesito un drama veraniego.

Aún no sé qué puede ser este año. El pasado, por ejemplo, me pilló el verano por sorpresa, y tuve que improvisar rápidamente: mi drama fue que las ventanas estuvieran demasiado altas. En realidad, desde que vivo aquí no se han modificado, pero eso no quita para que de pronto yo decidiera que era una calamidad el que se elevaran allí, fuera de mi alcance. De manera que comencé el verano llorando bajo la ventana, martes tras lunes, y viernes tras jueves, al amanecer y por la noche, inconsolable, hasta que mi madre me tomaba en brazos y me alzaba para que mirara más allá del cristal.

– Estás cogiendo peso, ¿eh, pequeña?

Ah, el mundo, el desconocido e ignoto mundo que se encontraba allí, y yo que no podía llegar hasta él… si eso no merece un drama, que me digan qué. Era sencillo, práctico, y estaba a mano. Cada vez que me acordaba, me entraba una congoja enorme. Solo cuando estaba mi madre en casa, claro. Los dramas no son nada sin espectadores. Si yo hubiera estado allí llorando para nadie me sentiría un poco tonta.

Pero este año me gustaría algo… no sé, más sofisticado, más complejo. Que se pase al menos un mes intentando encontrar por qué de pronto me arrojo al suelo y comienzo a gemir con un maullido cada vez más agudo y lastimero. Un drama aleatorio, que me dé cada vez que se vista de azul, o cuando se vaya el sol, o… Aún tengo tiempo. Vamos a pensarlo bien. El verano, no lo olvidemos, durará mucho, mucho. Todo lo que yo decida.

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