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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Espido Freire

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LADY MACBETH. Me llamo Lady Macbeth, soy una gata común europea de doce años y mi trabajo es ser adorable. Tengo los ojos verdes, el pelaje blanco y negro, y una colita truncada heredada de unos de mis padres, un siamés. Si junto las patas delanteras, aparece un corazón, un truco que he perfeccionado con el tiempo y que es mi golpe de adorabilidad definitivo. He desarrollado otras técnicas, desde luego: la mirada conmovedora e irresistible, los golpes zalameros con la patita, y una insistencia capaz de conseguir casi todo. Mi madre me adoptó cuando yo era un bebé. Ella es la única humana de la casa, porque tengo dos hermanas mayores felinas, Ofelia y Rusia. Las tres sabemos que la obligación de por vida de mamá es darnos todo lo que necesitamos y mimarme todo lo que le exijo. Eso ocupa casi todo su tiempo, pero el que le queda lo dedica a escribir. Antes de mí se las arregló para nacer en Bilbao en 1974, y para comenzar a publicar libros. Con “Melocotones helados,” ganó el Premio Planeta. Desde que yo llegué ha publicado un puñado de libros más y ha ganado otros premios, entre ellos, el Azorín con “Llamadme Alejandra”. También escribe para medios de comunicación y en sus redes sociales; en realidad, es una excusa para publicar fotos mías y de mis hermanas. Pero hablemos de mí, que, al fin y al cabo, soy la que os interesa. Constantemente están ocurriendo cosas a vuestro alrededor, pero los humanos no siempre las veis. No siempre os dais cuenta. Os voy a contar qué haría si yo hubiera estado allí... OFELIA. Me llamo Ofelia. Eso es ya un buen arranque para una conversación: no es un nombre habitual, (aunque no tan extraño como los de mis hermanas, que se llaman Lady Macbeth y Rusia), pero todo el mundo conoce a alguien que se llama Ofelia. Una tía, una profesora, una señora del pueblo que tenía un estanco… Pero la mayor parte de las veces no me es útil, porque soy una gata, y los humanos tienen la ridícula idea de que los gatos no hablamos y, es más, de que ni siquiera nos gusta hablar. A mí me encanta hablar, siempre que sea con gente interesante. Me siento frente a ellos, les miro con atención, ladeo la cabeza y entrecierro mis ojos verdes. La verdad es que no me cuentan gran cosa. Me acarician la cabecita negra, me dicen monerías, y como soy educada y me encanta que me acaricien y me digan monerías, ronroneo y les sigo la corriente. Pero no os voy a engañar, cambiaría todo eso por una buena conversación de vez en cuando. Mi nombre me lo puso mi madre. Ofelia, por la lánguida heroína de Hamlet. Vino a buscarme a Badajoz, donde nací en una primavera muy fría. Me encontraron en el motor de un coche, donde buscaba calor. Con ella sí mantengo largas conversaciones. Todo el mundo cree que una escritora habla sobre todo de literatura, pero no: me habla de lo que le ocurre. Eso es lo curioso de los seres humanos: constantemente están ocurriendo cosas a vuestro alrededor, pero los humanos no siempre las veis. No siempre os dais cuenta. Os voy a contar qué haría si yo hubiera estado allí... RUSIA. Me llamo Rusia. ¡Oh, una mota de polvo! ¡Qué bien! ¡Ahora vuelvo! Me llamo Rusia, y soy un manojo de nervios atrapado en el cuerpo de una gatita negra. Mi vida transcurre mucho más rápidamente que la de mis hermanas Ofelia y Lady Macbeth, que todavía no se han movido cuando yo ya he ido y he vuelto. ¿Qué tienes ahí? ¿Qué és? ¿Qué es? Bah, ya no me interesa… Mi madre dice que soy una creadora de caos. Se pasa el día riñéndome por no sé qué que ha pasado, o ha encontrado, o ha hecho alguien. Yo no le llevo la contraria por respeto, pero la mitad de las veces no sé de qué me está hablando. Le miro con mis grandes ojos verdes (en uno de ellos tengo una manchita que se llama petequia), y espero a que se aburra y se calle y me frote las orejas. A veces me aburro yo antes y la dejo con la palabra en la boca porque la vida es demasiado corta como para desperdiciarla escuchando broncas porque he tirado un vaso al suelo. Mirad, así. Crash. Vaya, se ha roto. Siempre se rompen. Sigo buscando uno que no se rompa, pero no lo he encontrado. Como mi mente… ay, un rayo de luz. ¡Sí! ¡Aquí! Cazar, cazar, cazar… Vaya, se ha ido. Como mi mente va tan rápida, veo muchas más cosas que vosotros. Eso es lo curioso de los seres humanos: constantemente están ocurriendo cosas a vuestro alrededor, pero los humanos no siempre las veis. No siempre os dais cuenta. Os voy a contar qué haría si yo hubiera estado allí...