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Hasta que la boda nos separe

El blog de María Aguirre

bachelorette

¿Se nos han ido de las manos las despedidas de soltera?

La respuesta es sí, rotundamente. No hay más que pasear una noche de viernes o sábado por el centro de cualquier ciudad española en esta época del año para darse cuenta de ello. Y no solo en el tema de disfraces (¿en serio es necesario vestir a la novia de pollo amarillo, flamenca de whatsapp o gatita sexy para pasarlo bien?) sino en todo lo que se genera en torno a ellas.

Parece que el término medio entre una merienda informal y un fin de semana tratando de humillar a la que va a casarse ha dejado de existir. Muchas novias han llegado a pasar de querer disfrutar de sus últimas horas de soltera junto a sus amigas a desear que éstas acaben cuanto antes.

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Afortunadamente, no fue mi caso. Tengo la suerte de que tanto mi hermana como mis amigas me conocen casi mejor que yo a mi misma y supieron reflejarlo en un fin de semana simplemente perfecto. La excusa perfecta para estar todas juntas y pasar unas horas inolvidables. ¿Y no debería ser esa la clave de las despedidas de soltera? Al fin y al cabo se trata de pensar en los gustos de la novia y hacer que ésta disfrute con planes que no tienen por qué ser tan descabellados como en las películas.

Para algunas bastará con una sesión de manicura en un centro de belleza bonito, para otras será mejor saltar en paracaídas, habrá quienes prefieran una noche de desfase y estarán las que se rindan ante una juvenil gymkana o un curso de automaquillaje. La cuestión no es tanto buscar la originalidad como tratar de hacer feliz a la homenajeada. Pero si lo suyo es vestirse de pitufina e ir cantando por la calle que lo haga, ¿no?

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