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Virtudes y poderes de los cristales: el ágata

Esta piedra no podemos decir para nada que sea rara, ya que existen muchas variedades en todo el mundo. Tuvo una excelente reputación durante toda la cristiandad, y no era nada raro escuchar a los obispos alabar sus virtudes. Entonces, se creía que favorecía la longevidad y la obtención de riquezas. Su nombre derivado del griego akhatés designaba cualquier variedad de ágata.

En la Antigüedad, los campesinos pensaban que llevando un ágata tendrían más oportunidades de tener una cosecha mucho más abundante, esta creencia perduró durante mucho tiempo. Era muy frecuente ver un ágata colgando de la yunta de una carreta. Todavía hoy día está considerada la piedra de suerte para los jardineros. Pero hay otras creencias que tienen que ver con ella desde hace mucho tiempo.

Tal vez la más arraigada es la que le atribuye el poder de proteger del rayo a quien la lleve. En la Edad Media, se creía también que preservaba de los sortilegios, los demonios, los venenos, así como de todos los males y desgracias provocados o generados por los autores de maleficios.

En la Antigüedad, el ágata tenía fama de curar y aliviar a cualquier persona víctima de picadura de escorpión o de una mordedura de serpiente, y ser contaminado por el veneno. Parece que, una vez más, esta virtud ha subsistido en la mentalidad de nuestros antepasados.

En efecto en la segunda mitad del siglo XII, en plena edad media, Santa Hildegarda, escribía. “Cuando una araña u otro insecto pica a una persona y el veneno todavía no ha entrado en la circulación de la sangre, hay que calentar el Ágata al Sol sobre un ladrillo ardiente. Una vez la piedra esté caliente, se le colocará en la zona del dolor. El ágata extraerá el veneno. Hay que calentar la piedra de nuevo de la misma forma y mantenerla encima del vapor caliente del agua. Se deja reposar la piedra durante un tiempo de una hora en el agua caliente. Luego se sumerge en dicha agua un trapo de lino, con el que se rodea el lugar de la picadura de la araña. De esta forma la persona curará”.

El Ágata también se utilizaba si las personas padecían sonambulismo, algo muy frecuente en la Edad Media, ya que numerosos testimonios así lo confirman. Leamos lo que redactó al respecto la Santa: “Una persona afectada de sonambulismo, deberá poner una piedra de ágata durante tres días en agua y tres días antes del trastorno mental, luego deberá calentarse lentamente dicha agua, sin la piedra, todos los alimentos consumidos por el enfermo deberán ser preparados con esta agua y las bebidas deberán tener sumergida una piedra de Ágata de forma que el enfermo vuelva a su equilibrio y se cure, excepto, solamente si Dios no lo quiere”*.

(Siguen siendo extractos de las obras de santa Hildegarda de Binguen).

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