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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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¿Sí me da la vida?

Cuando pienso en todo lo que he hecho hoy,
madre mía, imagino a todas las mujeres con hijos
y trabajos como yo y todo lo que hacemos
cada día y me digo: “nosotras sí que somos un país”

Me llamo Lea Vélez, tengo 47 años y soy novelista, madre, ensayista, chófer de mis hijos, guionista de televisión, periodista, viuda e hija de una mujer maravillosa de 80 años sin la que mi vida sería mucho más difícil. Vivo en medio del campo y quiero llegar a todo, así que, como tantas madres, lucho cada día contra el reloj en un intento, bastante decente, por conseguir que la vida no se desparrame por el suelo.

Ayer precisamente me preguntaron si yo era de las del vaso medio lleno o medio vacío y dije: “¿Cómo? No, no. Las madres que perseguimos el éxito familiar y profesional no tenemos tiempo de andar con los vasos a medias. Para ahorrarnos viajes, todos los vasos los llevamos cargados de vida a desbordar.”

Lo dije en serio. Así me siento siempre, como si el vaso que mis hijos me piden que les traiga desde la cocina cada noche fuera una metáfora de toda mi vida. Me veo así, llevando vasos muy llenos en equilibrio, entre atascos y extraescolares, en mi diaria carrera loca de obstáculos. Para sobrellevarlo, le inyecto humor a la vida, por supuesto, y me desahogo en las redes o escribiendo, para que en vez de una yincana dramática sea todo más del estilo de aquellos chinos del humor amarillo -eso sí, evitando el resbalón con trompazo, que da mucha vergüenza-, corriendo de un destino a otro, a la mayor velocidad posible y sin desparramar una gota, cuando encima, el agua fresquita y apetecible, no es para mí.

Ojo, lo hago con gusto, puro síndrome de Estocolmo, pero eso no quita para saber que “el sistema” nos tiene, más bien, secuestradas, llevándole vasos y vasos a todo el mundo, en una especie de conspiración vital para que calmemos la sed mundial.

Por eso, he llegado a un punto en el que debo compartir mis sentimientos, trucos y atajos, en un intento de sentir más, seguir amando mejor, compartir lo bueno y no enloquecer. En un intento porque la vida nos dé menos yincanas y más gintonics, y no solo vasos de agua que no nos da tiempo a beber.

Lea Vélez

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