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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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El día del padre pasado

“Mis hijos tienen padre, solo que está muerto, así que pueden pintarle una tarjeta como todos los demás”. La frase es demoledora, ya, pero los profesores de mis hijos suelen meter mucho la pata con ese tema obligándolos a que escojan otro adulto, o que se la hagan a su abuelo -también muerto- o tal. Esta es la frase que llevo ya unos años utilizando cuando se acercan las fechas del día del padre y les ponen a pintar pisapapeles, o a hacer llaveros, o a dibujarles preciosas tarjetas a sus progenitores y ahora, que ya son mayorcitos, la dicen ellos directamente y les hace sentir bien. “Mi papá está muerto, pero yo tengo papá”.

En algunos colegios, me cuentan, han quitado la tradición de hacerle una manualidad o un tarjetón al padre, precisamente para evitar que algunos niños que no tienen padre sufran. Bueno, supongo que habrá madres que protesten y digan: “Pobres hijos míos, esto les hace daño”. Yo no lo veo así.

Ojalá el sufrimiento del niño estuviera en la tarjeta de “te quiero papá”. No está ahí, ni mucho menos ahí. Está en lo obvio: en que han perdido a su padre. No hacer la tarjeta no va a curar semejante vacío. ¿O creéis que los niños no se acuerdan de lo que no tienen cuando ven a su padre ausente en todos los padres de todos los demás? A veces veo a mis hijos, sobre todo al pequeño, observando los besos y abrazos que unas niñas gemelas se dan con su padre por la mañana a la puerta del colegio. ¿Qué piensa mientras las mira? No me hacen falta tarjetas del día del padre para saberlo.

Los niños están rodeados de todas las circunstancias infantiles que conllevan un padre ausente, como compartir juegos con otros niños que sí tienen padre, ver a otros niños montando en bicicleta con su padre o ver a otros niños abrazándose a ese padre que ellos no pueden abrazar. En mi opinión, ese dolor se alivia haciendo visible lo que otros mantienen, tradicionalmente, entre sombras de pena y pudor. En casa, unas veces lo hacemos visible dibujando, otras, recordando anécdotas, otras viendo fotos.

No soy partidaria de la ñoñería, y muchas veces esto del día del padre o de la madre, cae un poco mucho en lo ñoño, pero soy menos partidaria aún de taparles el mundo tal y como es, solo porque su estructura familiar no se corresponda con la de la mayoría.

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Por eso, aunque a veces duele, me gusta cuando llegan estas fechas porque entorno a estas fechas, cuando volvemos en el coche del colegio, la figura del padre está más presente y tenemos conversaciones como esta:

Dice el de 10:

-Mamá, si pudieras viajar al pasado, a un lugar y un momento concreto, pero solo a ese momento, ¿qué momento escogerías?

-¿Pero luego puedo volver al presente?

-Sí, y siempre que viajes al pasado, ya solo puedes ir otra vez a ese momento.

-Bueno, escogería el verano en Inglaterra en el que me subí al andamio a pintar la casa de Goldstone Villas con tu padre.

Dice el de 8:

-Pues yo iría al momento en el que papá no sabía que tenía cáncer y le diría que fuera al médico para curarse.

-Pues si, hijo, cierto. Lo que pasa es que me daría miedo cambiar el futuro y que vosotros desaparecieseis.

-No digas tonterías. No vamos a desaparecer. A lo mejor se cambian algunas cosas, pero cualquier cambio merece la pena para tener una mamá, un hermano y un papá.


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