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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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El amor es una droga

El amor es una droga de la que abuso todos los días. El otro día dejé a mis hijos a las 9:00 en su colegio y no los volví a ver hasta las 21:00, porque tenían un cumpleaños. Pasé un día infernal. Estoy ya hecha a la rutina de prepararme para irlos a buscar a eso de las 16:00, dejar de escribir, aparcar artículos y novelas en proyecto y lanzarme a la carretera, hacia ellos.

La tarde entera sin mis actividades normales y sin mi dosis de conversación, abrazos, discusiones y cariño, se me hizo eterna. Estaba cansada y fui consciente de que solo ellos me quitan el dolor de cabeza, o el mal humor. Solo ellos tienen el superpoder de hacer mil preguntas interesantes que me llenan de otras tantas preguntas apasionantes. Los recogí a las tantas, en el Club de Campo y hasta más de las 21:30 no llegamos a casa y ya quedaba poca jornada para embutir en ella la costumbre, la charla, el tiempo de todos los días. Nos faltaba, a todos, algo.

Por la noche, los niños se vinieron a mi cama y yo no sé por qué, empezaron a hablar del que no está. No es habitual que hablemos de su padre, así que quizá esa ausencia breve, ese echarnos de menos, lo había provocado. Dijo el de 8:
-Mamá, ¿Por qué papá solo hacía cosas con Michael y no conmigo?
-Hacía muchas cosas contigo, lo que pasa es que Michael era más mayor y se acuerda y a ti se te han olvidado. Por ejemplo, te subía encima y te convertía en conductor del camión de basura. O te cogía en brazos para entrar en la piscina y te lanzaba a bucear. O tocaba la guitarra y tú te agarrabas a sus rodillas, alucinado, fascinado. Pero eras un bebé. No te puedes acordar. 

Dice el de 10:
-Salíamos al jardín a hacer cemento y una vez, abrió un bote de pintura donde lo guardaba, pero se había convertido en un bloque. Y me llevaba en la carretilla, encima de la leña.

Dice el de 8:
-Mamá, ¿y tú? ¿Tú pasabas suficiente tiempo con papá?
-Pues mira, hubo una época en que no. Hubo un tiempo en el que yo trabajaba todas las horas del mundo y llegaba a casa tardísimo y tuvo que venir la enfermedad para hacer que me diera cuenta de que lo que importa es compartir el máximo de tiempo posible con las personas que más nos quieren.

Dice el de 10:
-No sé qué vas a hacer con nuestra habitación… porque yo ya me instalo en tu cama para siempre.
-jajaja
-Echo de menos a papá.
-Y yo.
-Y yo. Pero mira, aún estamos llenos de todo aquel amor.


Además…

Mi hijo es el emoticono de la derecha
El día del padre pasado
La vida sabe vivir

 

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