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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Clase de oratoria

El otro día, en el coche, de camino al colegio, tuve sesión de extraescolar. Yo soy la extraescolar de mis hijos, claro. El de 10 iba practicando conmigo su conferencia sobre la Tabla Periódica:
-A la izquierda de esta zona con forma de escalera están los metales y a la derecha, los no metales, que son gases, sobre todo. Ahora os voy a hablar del peso atómico y de las valencias…
-Un momento, cielo, ¿puedo interrumpir? Mira, ahí tienes una oportunidad de oro para plantar un poco de misterio en la mente de tus oyentes, porque después del peso atómico y de las valencias, vas a hablarles un buen rato del hidrógeno, ¿no?
-Sí.
-Perfecto, pues entonces, plántalo. Haz que el oyente trabaje con la mente, que se pregunte cosas, que desee escuchar lo que viene detrás de lo que estás contando ahora. Les dices: “a la derecha tenéis los metales, con una excepción, la de un elemento muy particular, el primero de la tabla, del que hablaré más adelante, porque tiene propiedades que me fascinan”. Y lo cortas ahí. Les dejas saboreando esa frase.

 

 

Luego pasas a los símbolos y el peso atómico y las valencias, pero en su mente, ellos ya están esperando que les saques de la duda. “¿Cuál es este elemento? ¿Cuál es el primer elemento? Va a hablar del hidrógeno, seguro”
Moraleja: cuando uno habla en público debe crear dudas para luego resolverlas.
-Exacto. Esto es lo que hacemos los guionistas. Plantamos preguntas en la mente del espectador. “¿Será este el asesino? Tiene cara de bueno, seguro que quieren que me crea que es el bueno…” Sigue.
-En cada recuadro de la tabla tenemos un elemento, con su peso atómico y su símbolo, que se compone de una, dos o tres letras. Este número nos dice la valencia, que son los electrones que hay en la última capa del átomo, que es donde suceden todas las reacciones químicas. Ahora voy a hablar del elemento más abundante y más especial: el hidrógeno.
-Perdón, nueva interrupción de tu pesada madre. Añade imágenes.
-Imágenes.
-Sí, en sus cabezas. La gente se aburre en las charlas abstractas o llenas de datos por un motivo muy sencillo: porque no pueden “ver nada”. Si todo son datos o enumeraciones, la mente está como encerrada en una habitación sin ventanas. Abre ventanas en sus cabezas.

 

 

Para eso, los escritores usamos las comparaciones y las metáforas. Por ejemplo, imagina que yo te digo: “la tabla periódica es como un mapa del metro, ¿habéis ido alguna vez en metro? El plano nos dice qué línea debemos coger para llegar a determinado sitio, qué estaciones están conectadas para hacer transbordo. El plano usa colores para que todo nos resulte más fácil. También, la tabla de los elementos, es como un mapa del tesoro. Un mapa que nos dice qué elementos combinan bien con otros para encontrar nuevos materiales” Ahora respóndeme una cosa: ¿qué has visto en tu cabeza mientras yo te ponía esos ejemplos?
-Trenes y un cofre pirata lleno de monedas.
-Genial. Hemos abierto ventanas en tu cabeza hablando de algo, supuestamente aburrido para alguien a quien no le interese la química. Uno debe saber cómo funcionan las cabezas de los que te escuchan para poder entretenerlos. No es un misterio. No hace falta tener grandes ocurrencias. Todas las cabezas quieren lo mismo: formular preguntas, encontrar respuestas y abrir ventanas para ver el mar.


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