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Miss Experiences

El blog de Inés Sáinz

Mi muerte por eventos aún no ha terminado...

Muerte por eventos (Parte III: Open Days)

‘Press Day’, ‘Open Day’, Jornada de Puertas Abiertas… Así denominamos a la presentación a prensa de las nuevas colecciones de temporada, una vez exhibidas en la fashion week correspondiente. Instrucciones: súbete al tacón, vístete de negro impoluto, maquíllate lo justo y dirígete con sonrisa Profidén a todo el mundo, contando el rollete que te has aprendido sobre la nueva colección, y si no lo hay, pues te lo inventas. Es una herramienta más de trabajo, pero se coloca en el ranking de eventos más estresantes y supone un colapso histérico en el ritmo normal de funcionamiento de las agencias.

Ese día todo es nervio y algarabía, las oficinas y ‘showrooms’ se engalanan y la prensa viene a ver todo con más o menos prisa, y con más o menos ganas. Porque amigos, igual que hemos hecho en las anteriores entregas de Muerte por eventos, en este ‘post’ vamos a hablar de lo que hay detrás de los Open Days, de lo que no se ve a través de esas flores frescas y esas sonrisas forzadas.

La preparación sin duda es altamente estresante. Has de conseguir que todas las piezas lleguen a tiempo, pasen por ‘stock’ para darlas de alta y luzcan primorosas y planchadas en sus perchas o estantes. Además la oficina debe estar con tiralíneas (riusada o frase típica del Gran Jefe Fernando Rius). Todas las cajas que se acumulan por el movimiento de mercancía deben quedar escondidas como sea, como si pudiésemos marcarnos un Evanesco a lo Harry Potter… Hay que revisar la limpieza y estatus de cada espacio, con su consecuente revisión de logos y focos, ¡muy importante dónde enfoquen las luces! Así como la música ambiental, la temperatura nórdica y las bolsas de regalos, con su habitual cadena de montaje tras la que acabas con múltiples cortes en las manos.

Siempre es buen momento para sonreír

Bueno, y lo mejor de todo… ¡las llamadas de confirmación! Que levante la mano quien odie esta tediosa labor 🙋🙋🙋🙋. Veo multitud de brazos arriba, tanto de compañeros como de redactores y estilistas. Y es que temporada tras temporada todos sentimos que vivimos un dejá vú como en El Día de la Marmota. Te pasan tu parte del listado y empiezas a llamar, y al otro lado de la línea encuentras varios tipos de comentarios, todos dentro del guión principal:

Hola, Pepito, soy Inés de Back Up, te llamo para confirmar tu asistencia al Open Day que tenemos el próximo martes en la agencia de 10:00 a 15:00 h. ¿Vas a poder venir?

– Sí, claro! Contad conmigo (la mayoría luego no va).

– Ah, pues no he recibido la invitación, no sé (enfado digno y nunca más se supo).

– Lo siento, pero estoy de cierre querida, imposible (siempre hay cierres, sea el evento cuando sea).

– Pues es que en la redacción estamos en cuadro, pero alguien irá, no te preocupes (como mucho mandan a la becaria, pobre).

– Ya me ha llamado antes una compañera tuya (y sientes la onda del ‘poneros de acuerdo y no llaméis más’ que runrunea en su mente mientras te disculpas y despides).

Hay que entender que para nosotros estas presentaciones ocurren a lo sumo un par de veces al año, pero para la prensa es un auténtico drama tener que cubrir todas las presentaciones y eventos de marcas y agencias. Para ellos supone estar todo el día fuera de la redacción, posteando y etiquetando como máquinas en RRSS, cargando con bolsones como si fuesen los Reyes Magos, aguantando el tipo ante el discurso que te suelta cada uno y esquivando súplicas para que nos publiquen esto y lo de más allá. No es fácil tampoco su papel. Porque para todos existe el día después, cuando tienes que retomar el trabajo atrasado y superar la resaca que deja tras de sí el Open Day.

El éxito de un evento lo miden las visitas

Aunque además de trabajo extra, hemos de reconocer que también deja una buena colección de anécdotas que sirve de carrete para posteriores conversaciones hilarantes en equipo. Como el típico que viene siempre directo al catering, sin importarle nada más; la señora que parece que nació con la copa de vino pegada a la mano; el cliente de marketing que otea y controla lo que sucede en su espacio, sin entender realmente nuestra labor; el jefe preguntando a cada nanosegundo cuántos asistentes van ya; las escapadas y escondites para poder tomar algo y no desfallecer durante tantas horas de pie y sobre alzas (porque norma nº 256 de los eventos: no puedes comer ni beber en ellos); el invitado que intenta hacer mutis por el foro y saltarse tu stand para que no le sueltes la chapa; la crisis de media mañana cuando hacen recuento y te piden que te pongas a llamar a los principales medios para recordarles que vengan; los ligoteos con los camareros del catering (cuántos roces han salido de días así…).

En fin, que son muchos Open Days a mis espaldas, y guardo recuerdos divertidos, dolorosos, famélicos, aburridos, surrealistas… Ahora puedo contar con una nueva experiencia que nunca pensé en vivir: un Open Day desde el otro lado, como prensa -en este caso como colaboradoras de Mujerhoy-. Justo ahora se suceden las presentaciones en nuestras agencias amigas, a las que intentamos asistir siempre que podemos. Sin duda se abre una nueva etapa para el baúl de los recuerdos, porque esto… ¡esto es otra cosa!

Una jarana, una risa, una alegría de verte, un regalito, una copita, una colección molona de la que tomamos nota. Pero recordad: de corazón estamos con vosotros al otro lado, lo que el paseíllo pre-Open Day ha unido no lo separa ya nadie.

¡Y así se organiza un Open Day!

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