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El blog de Inés Sáinz

Vacunas y otros dramas infantiles

Vacunas, varicela y otros dramas infantiles

Y un buen día, sin avisar, el enano se me levanta con varicela. Los niños son así, qué se le va a hacer. Justo en el momento en que por fin tienes la agenda llena de colaboraciones y eventos interesantes… Pues nada, a cancelar eventos aquí y trabajos allá, que no vas a dejar sola en casa a la pobre criatura con su drama de granos, picor y fiebre.

Mi mayor miedo en esos momentos: contagiarme yo también 😖 Que de pequeña tuve la suerte de no pasar ni la varicela ni el sarampión ni la rubeola… Nada, aunque ¿tuve suerte? Pues no sé yo porque ahora de adulta me toca pasarlas y vaya gracia. Ni se lleva igual ni tiene las mismas consecuencias. Los niños son de una pasta especial, se entretienen y se les olvidan todos los males. Ahora dime a mí, con lo vasca que soy, que no me rasque hasta arrancarme la piel si me pica… Pues eso.

Menos mal que los peques se lo pasan bien

Con la buena suerte que tiene una y las Inesadas constantes que me persiguen… Parecía estar escrito que me iba a tocar “a la vejez viruela”, o varicela, o escarlatina, ¡a saber! Porque estos niños biohazard son un torrente de virus y enfermedades que ellos pasan con la gorra y que a ti te dejan hundida en la miseria por toda una semana.

El caso es que con la tontería me hice un máster en enfermedades, contagios y vacunación. Y aquí vienen dos quejas al sistema de vacunas español, bueno tres:

  1. Que lo cambian cada año por cuestiones que justifican con mucha palabrería técnica que nadie llega a entender.
  2. Que vaya nombrecitos que tienen los ‘bacterios’ estos, por Dios, que no soy capaz de retener uno. No es culpa del sistema, pero me quejo igualmente.
  3. Que en cada comunidad autónoma se lleve un calendario totalmente distinto. Claro, porque mi hijo madrileño de ascendencia vasca es inmune a la varicela, pero el andaluz no. Ejemplo puesto al azar, porque los pobres niños, tanto madrileños como vascos o andaluces precisamente, han estado sin vacunar de la varicela durante un par de años en toda España.

Y de verdad que son cosas que no entiendo. La varicela: la quitan y la ponen de nuevo dos años después, por tanto déjenme dudar de la confianza que tienen ustedes, autoridades de la salud, en sus motivos para retirar vacunas. La varicela fue el drama que supuso viajes a mansalva a Navarra, Andorra y Portugal con la neverita a cuestas para comprar la vacuna y traerla de vuelta, eso si tenías la suerte de encontrar un sanitario amable en tu entorno que se la pusiera a tu retoño, que no todos estaban por la labor. Bueno, dio de sí el tema, al menos los padres teníamos nuestras buenas charlas al respecto en la salida del colegio.

En grande se lo pasan

Este año nos dan nuevos temas de charla: reculan con el tema de la varicela y empiezan a vacunar a los niños que quedaron sin vacuna esos dos años. Bien. Pero por contra, la Seguridad Social ya no cubre la vacuna de la meningitis, pero sí puedes ponerla por tu cuenta al módico precio de 106 €. Mal. Ya hay lista de espera en las farmacias para comprarla, según me cuenta una mami del cole propietaria de una farmacia. Pero no todo el mundo puede comprarla, y las familias que apenas tienen para comer se ven en la tesitura de optar por no vacunar a sus hijos y arriesgarse a que pille esta enfermedad, una de las peores por cierto. Genios de la salud, ¿esto no se os ha ocurrido en ningún momento?

Otra cosa que no piensan estos genios es que cuando sacan una vacuna del calendario no pueden hacerlo a mitad de año, como fue el caso de la varicela. Eso provoca que en una misma aula se junten niños mitad vacunados y mitad no. Fue lo que pasó con Mateo. Él es de mayo y se la pudo poner, pero sus compis que nacieron del 1 de julio en adelante ya no. Y Mateo, a pesar de estar vacunado, pasa la varicela ligeramente, pero seguro que habrá contagiado a alguno de los no vacunados que habrán pasado la enfermedad en todo su apogeo. Muy inteligente esta decisión.

Aporreando teclas

Y ya que estamos de rollo médico, me quejo de una cosa extra, de algunos protocolos de seguridad. Ejemplo práctico: tú, como madre, llevas a tu propio hijo al hospital con un buen chichón en la cabeza, fruto de sus burrerías de niño normal y corriente, y sufres el bochorno de que te acribillen a todo tipo de preguntas siguiendo el protocolo de malos tratos. Vale, aceptamos barco por la seguridad infantil. Pero, en cambio, lo lleva otra persona sin identificar con una quemadura en un ojo y allí nadie activa nada 😳

Esto por lo menos me ha pasado en el Hospital de Torrelodones y en el Hospital de San Rafael. ¿Y si pasa algo grave? ¿A quién pides explicaciones? En el de Torrelodones, además, el oculista de urgencia le recetó un medicamento por teléfono que ni siquiera existía. Surrealista, como todas las cosas serias en este país.

Crucemos los dedos para que nos contagiemos lo justo y pasemos las enfermedades tan ligeras como pasó Mateo la varicela. Yo le voy a pedir a mi amiga Mariani que le ponga unas velas a la Virgen del Rocío para que nos bendiga con hijos sanos y felices, que es como tienen que estar los niños. ¡Ah! Y no, finalmente no pasé la varicela… Todavía, claro, que las Inesadas están siempre latentes y listas para aflorar a la superficie.

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