mujerHoy

Miss Experiences

El blog de Inés Sáinz

Viajar en familia, ¡todo un reto!

La experiencia de viajar en familia

“El viajar es un placer que nos suele suceder / En el auto de papá nos iremos a pasear / Vamos de paseo, pi pi pi / En un auto feo, pi pi pi…”

Querido Miliki y otros sabios artistas de la época, con canciones como esta endulzasteis nuestra infancia e hicisteis de los viajes un juego más donde toda la familia cantaba, a falta de otra cosa que poder hacer, claro. Ni móviles, ni GPS, ni tablets, ni conexión USB para poder llevar en un pincho toda la música del mundo y más, que además ahora consigues rápida y fácilmente en un solo click.

Entonces cada familia tenía sus 8-10 ‘casetos’, que escuchabas en modo bucle una y otra vez. Había familias, como la mía, que eran muy de Miliki. Eso siempre que mi madre intercedía por nosotros, que si no mi padre plantaba las marchas militares y allí todos firmes sin rechistar. La de mi chico era muy moderna, ya se grababan cintas de la radio con sus mejores hits, ¡y vaya hits! Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, mucha música italiana… vamos que lo sé porque mi adorado suegro aún la lleva en su coche actual, solo que en mp3.

Si, ese es el coche de mi cuñado

 

Pero otras familias… Diosito. Recuerdo mi tío y su afán por El Fary, entrar en ese coche era la peor de mis pesadillas, porque además él lo acompañaba con su horrible don cantarín y con golpecitos en el volante ¡’p’haberlo matao’! Y luego está el lado contrario, las familias demasiado animadas como la de mi compi bloguista, que me cuenta que su padre tenía afán por los recopilatorios de gasolinera de humoristas tipo Arévalo, Eugenio, Cassen (googleen señores, googleen y alucinen…), y alguna que otra cinta de canciones verderonas como La Ramona, Los hermanos Pinzones o Hay que lavalo. Claro, así me ha salido la niña, guasona y sarcástica a más no poder.

Evidentemente la música no es lo único que ha cambiado radicalmente en los viajes familiares. Los coches han pasado de tartanas iceberg-invernaderos a auténticas naves espaciales confortables y acondicionadas que te saludan al entrar y aparcan por ti. Eso junto con las autovías y las fáciles conexiones de carreteras, hacen que por ejemplo el trayecto Bilbao-Somo, que hemos llegado a hacer en 5 horas, ahora nos lleve apenas una.

El coche ¿familiar? nunca es lo suficientemente grande

Los preparativos de los viajes también se han simplificado. Nada de mapas casi transparentes de lo usados que estaban, y que eran propiedad comunitaria de toda la familia e incluso del vecindario… Ahora, GPS integrado o Google maps. Y como eran tantas horas y había pocas estaciones de servicio, tenías que preparar la tartera y la nevera con avituallas básicas para toda la familia. La nevera ya ocupaba más de la mitad del coche, y el olor a tortilla, ensaladilla y filetes empanados aún me evoca aquellos viajes largos y días de picnic.

El equipaje ya merece una atención especial. Todos tenemos en la mente imágenes de Seiscientos y Citroëns hasta la bandera de bultos, con la baca medio colgando, los niños amontonados y el maletero abierto con sofisticadas cuerdas protectoras porque no cierra de lo lleno que va. Ahora intentamos ir con lo justo, sincronizar atuendos y cosméticos imprescindibles para que ocupe poco y podamos movilizarnos bien. (Técnicas de maletaje rápido y compacto en otro post) 😜

¡Que te empaqueto!

Porque ahora viene el gran tema que nos ha llevado a encapsular nuestro equipaje en un archiconocido tamaño cabina… ¡¡Viajar en transporte público!! Toda una experiencia que con niños se intensifica de manera bárbara. Recuerdo un viaje en avión a Bilbao, yo sola con Mateo bebé en el canguro, y al tener que quitármelo para pasar por el arco no sabía dónde dejarlo, la azafata no podía cogerlo por no sé qué leyes, así que se lo coloqué a la primera persona que vi, casualmente la política Cristina Garmendia, que primero puso cara de fliping 😳  y luego echó la sonrisa al entenderme y me ayudó hasta finalizar el proceso.

Otra grande fue hace poco, cuando esquiando me estampé -literal- y me hice un esguince en la rodilla. Ese mismo día tenía que volver a Madrid en tren sola con Mateo, y escayolada, sin muletas y grogui por los calmantes no veía la manera de hacerlo. Afortunadamente RENFE me facilitó una silla de ruedas y nos ayudaron con el equipaje. Pero eso sí, la cara de la gente en la estación era un poema, viéndome a mí en silla de ruedas y al niño arrastrando su maleta y la mía…

A mi que me lleven

Después de unos años ya sin coche propio, viajar en transporte público se ha convertido la mayoría de las veces en un placer. Incluso con Mateo, y digo incluso porque de verdad que mantener a un niño como el mío quieto y entretenido la tira de horas sin poder moverse y sin molestar al de al lado… no es tarea fácil y a veces se convierte en un suplicio. Pero nuestros viajes Madrid-Bilbao y viceversa en bus, que es nuestro transporte preferido, serán para siempre un recuerdo nuestro que igual Mateo, en unos años, cuenta en su propio blog. Porque anécdotas… ¡Hay cientos de ellas!

 

Igual hasta os interesan otros post…

|

Comentarios