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El blog de Inés Sáinz

Mi visita a Croacia

Croacia, el despertar de la fuerza

Hace mucho tiempo que tenía ganas de conocer Croacia. Y justo este año lo he visto claro, después de pasar unos meses horribles por la conjunción del mal desatada a mi alrededor, merecía un bonito descanso que me hiciera recuperar la fe en las cosas buenas. Croacia y mi chico, que me ha llevado hasta allí, lo han conseguido. Aquella escapadita en mayo de la que os hablé y que quedó pendiente para contar en otro momento. Pues este es el momento, cuando estamos en plena temporada vacacional y aún hay algunos indecisos que buscan plan. Bien, pues Croacia es un gran plan.

Nuestro destino fue Rovinj, un pequeño pueblo medieval casi en la frontera con Eslovenia. Para llegar, las opciones son aeropuerto de Venecia o Trieste, en Italia, Pula en Croacia o Ljubijana en Eslovenia. Nos decidimos por Venecia ya que la oferta de precios y horarios es mayor. De ahí son unas tres horas en coche, que merecen la pena por los increíbles paisajes verdes, plagados de árboles y mas árboles.

Croacia, toda una experiencia

El primer paso, el del alquilar el coche, siempre me pone de malhumor porque tú, ilusa, has hecho una reserva de 70 € por 4 días de alquiler, y al final entre seguros, impuestos, conductor adicional, GPS y gasolina la cosa se planta en 270 €. Pero esta vez iba prevenida, así que ni este primer envite pudo con mis ansias de paz. A ritmo de CCR, Bryan Adams, el gran Bruce y Dani Martín pusimos rumbo a Rovinj con ganas de dejar atrás malos rollos y gente tóxica.

Por cierto, datos importantes para deambular por allí: para circular por esas autopistas es necesario sacar un ticket que puedes encontrar en las gasolineras, el importe mínimo es 15 € para una semana. La moneda es la kuna (aprox 1 € = 7,5 kn). Y en cuanto al idioma, con el inglés y el italiano te haces entender perfectamente, ya que en su día perteneció a Italia.

Podría decirse que no tuvimos mucha suerte con el tiempo, pero realmente para mí el sol no es un ingrediente necesario para la felicidad, ya que además de ser el mayor amigo del envejecimiento no me atrae nada espanzurrarme cual morsa en la piscina o en la playa, que además ya tengo playas bonitas y fresquitas en mi tierra de las que disfrutar cualquier día. El plan ‘sol y playa’ quedó descartado enseguida.

¡A recorrer Croacia!

Así que nos agenciamos unas bicis y nos fuimos a explorar los alrededores. Dimos con una ruta preciosa pegada a la costa adriática. Fueron 15 km de recorrido en el que encontramos columnas romanas, zonas residenciales sin pretensiones de lujo, un camping con roulottes que no tenían nada que envidiar a nuestro hotel, camas elásticas, toboganes de agua e incluso un bar perruno. Un planazo para los niños, pensaba yo mientras intentaba seguir el ritmo del buen novio sin morir en el intento, que debe creer que soy atleta profesional o algo así…

En cuanto a Rovinj, o Rovigno en italiano, no me defraudó. Es tan re-precioso como me había imaginado. Suficientemente pequeño para no dejarte la vida andando y con unas vistas impresionantes mires por donde mires. Lo mejor es perderte por sus calles empedradas y descubrir toda la magia que ofrece la ciudad. Recomendación cultural: una exposición de Chagall muy interesante que estará hasta el 2 de octubre.

Visitad Croacia en cuanto podáis

Otro de los puntos fuertes es su gastronomía: pescado, moluscos y crustáceos frescos en carpaccio o a la plancha. El pan y el aceite es un auténtico pecado y un peligro cuando el servicio se retrasa un poco, algo habitual porque se toman la vida con calma… Así que el paseíto de vuelta al hotel era una bendición para no llegar cual boa constrictor a la cama. Los restaurantes: La Puntulina, veréis que es el más valorado en Tripadvisor y efectivamente no defrauda. Giannino, hermano de La Puntulina; la Brasserie del Hotel Adriatic (ancas de rana y caracoles 😋) y Blu, un txiringo súper romántico en la playa, fuera de la parte vieja.

Esta vez no hubo sorpresas con el hotel, el Monte Mulini, que el de Sicilia el año pasado fue una Inesada mayúscula de la que igual os hablo algún día si recupero las fotos. Me encantaron los horarios de “ven a comer a la hora que te dé la gana”, con un amplio margen capaz de englobar tanto a madrugadores culos inquietos como a perezosones tardíos. Aunque tiene una zona de ‘wellness’ propia, comparte con el hotel de al lado instalaciones más grandes de gimnasio, piscina con burbujas, sauna, turco, zona de relajación… Y todo sin pagar ni un extra. Solo tengo hacia el hotel un pequeño tirón de orejas, NO ES NECESARIO CAMBIAR A DIARIO LAS TOALLAS, gracias. Aunque en Croacia el agua no es un bien escaso, es un recurso del planeta que no debemos malgastar.

Tampoco debemos malgastar nuestras escasas energías en casos perdidos o en causas que no merecen la pena. Por tanto este viaje me supuso una limpieza de aura tras el cual me prometí a mí misma respirar hondo, olvidar el pasado y empezar a pensar en mi próximo destino para el año que viene: Grecia.

Próxima escapada. ¡Grecia!

Y si queréis, echad un vistazo a anteriores post:

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