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El blog de Inés Sáinz

Iné Saiz, con su BMW X3

Me reafirmo: me gusta conducir mi BMW

La verdad es que me reafirmo. Sí, me encanta conducir. Este viaje está siendo una gran experiencia, mano a mano con Mateo a bordo del BMW X3 y todo un reto. Para empezar porque es un chico y eso de ir montado en un coche nuevo, le fascina. Yo mientras consigo que deje de creerse Tarzán y utilice mi cuerpo como liana para trepar y terminar clavando alguna pirueta en el suelo. Ahora le ha dado por hacer el pino con volteretas laterales y me tiene todo el día boca abajo. Todo ha sido muy tranquilo por Portugal, salvo la clásica visita veraniega al centro de salud más cercano por una otitis mal curada, que ha fastidiado los baños en la piscina del hotel.

Ines Sáinz, con un BMW X3

Ines Saiz, con un BMW X3

Ante semejante panorama, en pleno agosto y a 40 grados, puse en marcha el plan B, hacerme con una embarcación de cualquier tipo para mantener fresco y tranquilo al rey de la selva. Descubrimos una playa de río que ha sido la salvación. Allí alquilan unos apañadísimos pedalinos que se han convertido en nuestro yate durante varios días. Al “sí Mami, yo te ayudo a dar pedales” 😂 se unió el “más rápido, Mami” y yo después de una hora pedaleando que ni Contador, caía varada en la arena. Pero era la única forma de que el pobre Mateo se pudiera bañar. Con su chaleco salvavidas flotaba cual delfinillo en el agua y no se moja el oído. Niño contento y Mami insolada pero feliz.

Inés Sáiz, con su familia

Inés Sáiz, con su familia

Conducir hasta las ruinas de las minas de São Domingos o acercarnos a un observatorio a ver las estrellas una de las noches con más luna, han sido otros planes divertidos y originales. Por cierto, en lugar de ver estrellas porque había luna llena, nos conformamos con ver Júpiter y Saturno con sus anillos y varias lunas, y nuestra Luna, inmensa. Mate, más allá de que alguien le contestara si había gente, animales y pedalinos en esos planteas, no entendía mucho más. Yo en cambio, bilingüe en portuñol 😉 abrasé a preguntas al simpático experto que nos lo estaba explicando. Que si cuantas lunas tienen, “cerca de sesenta”. Que si cuantos anillos… Que si porque se ven unos planetas y otros no…

A la vuelta teníamos antojo de conducir hasta Jabugo. Después de todos estos días comiendo malísimamente en Portugal, el menú de los restaurantes de la zona era tirando a básico con hamburguesas, perritos, mixto, plato de sopa y plato de carne, soñaba con un bocata de jamón en condiciones nada más poner un pie en España. Y Mate quería ver esas piaras de cerdos que “comen bellotas, Mami”. Como al venir el navegador nos trajo por la sierra de Huelva, ilusa de mi pensé que la vuelta sería por el mismo camino. Pues no. El BMW X3 que debe tener vida propia, decidió que a la vuelta había que conducir por Extremadura y a medida que avanzábamos, Jabugo se alejaba mas de la meta y descubría donde está Calamonte, que siempre es importante.

Inés Saiz, con un BMW X3

Por supuesto, la inesada del viaje no podía faltar y efectivamente nunca llegamos a Jabugo. Acabamos en un polígono de Villafranca de los Barros comiendo marisco. Lo normal, cruzarte Portugal para llegar a Jabugo y acabar comiendo en un puerto de mar en Extremadura. Mateo aceptó sin rechistar el cambio de Jabugo por Rodu El Tiburón y me pegué un homenaje gastronómico a base de gambas, un par de ostras y pescado, que ni en mi tierra. Por supuesto no faltó el jamón ibérico que ya se había convertido en el chiste del viaje.

Las vacaciones de Inés Saiz

La verdad que no puedo estar más agradecida a Autopremier BMW por la oportunidad que me están dando de vivir toda una experiencia. Este road trip madre-hijo está siendo de lo más divertido que he hecho en mucho tiempo ¡Tengo el compañero de viaje más guapo y la mejor compañía que pueda soñar! Ahora toca poner rumbo a casa, que comienza la Aste Nagusia y no hay bilbaíno de bien que se la pierda. Nosotros tampoco 😜

 

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