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El blog de Inés Sáinz

Inés Sáinz, en la feria de joyería y relojería Baselworld

Mi primera vez… en BASELWORLD

“Inés, si trabajas en el mundo del lujo, tienes que ir a BASELWORLD. Es impresionante”. Mira que me lo habían dicho veces, la primera de todas mi querida Susana, de Perodri Joyeros, que lleva viniendo a BASELWORLD más de 25 años. Ya en el colegio me daba una envidia verde cuando desaparecía una semana entera y me abandonaba en clase (éramos inseparables) porque iba con su familia al completo a la feria. Luego, compañeras de agencia, que trabajando para grandes firmas de joyería y relojes, también desaparecían varios días para asistir a la presentación de las novedades de los clientes en dicha feria. Todas volvían con el mismo mensaje: “tienes que ir a BASELWORLD”.

Bueno, pues por fin lo he conseguido. Este año, por primera vez, he podido pegarme un salto a la feria de relojes y joyas más importantes del mundo. Y tengo que confesar que a pesar de que he intentado disimular mi cara de chica de provincias, seguro que alguien me lo ha notado. ¡¡¡Madrecita del amor hermoso, qué cantidad de dinero en relojes y joyas hay concentrado en ese lugar por centímetro cuadrado!!! Es un dato que me encantaría conocer pero debe tener tantos ceros que mi cerebro seguro que no es capaz de procesarlo.

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¿Y cómo ha terminado una chica normal y corriente en un lugar como este? Muy sencillo, gracias a mis años de experiencia en el mundo del lujo y al trabajo que llevo haciendo durante varios años para Le Rhöne, mi marca de relojes favorita y mi puerta de entrada al universo de la alta relojería. Un mundo apasionante del que todavía tengo mucho que aprender pero del que ya puedo contarte alguna cosita interesante.

Los diseños de alta relojería valen lo que valen porque están hechos a mano. Eso quiere decir que cada una de las piezas como tornillos, cierres, esferas, diamantes o cualquier detalle que incluya el reloj, están ensamblados uno a uno, a mano. Y no son grandes precisamente. Así que se tarda mucho, pero mucho, mucho, en fabricar y producir cada uno de los modelos. Y no te voy a contar lo que valen los metales con los que se fabrican, como el oro o el titanio, porque seguro que te puedes hacer una idea.

En Le Rhöne, por ejemplo, todas las piezas se hacen y se producen en Suiza, que por algo es ‘Swiss made’. Esto significa que no se manda fabricar nada en otros países como algunas marcas hacen (en secreto) para luego ensamblarlas en Suiza y tener la autorización para poder poner el ‘Swiss made’. La tradición relojera en Suiza tiene muchas generaciones detrás y la industria da de comer a muchas personas en pueblitos preciosos y perdidos como Neuchâtel. Así que las imitaciones y los top manta les hacen mucho daño a estos pequeños artesanos y a sus familias, que llevan generaciones viviendo de este oficio.

Los relojes siempre tienen un movimiento de base que es el que hace gira las agujas, al que luego se le añade una complicación. Por ejemplo, en los Hedonia Grand Phase de Lune de Le Rhöne, tienen una exclusiva complicación con una esfera en aventurina azul y una luna en nácar que imita el movimiento lunar real. O el nuevo Hedonia JMT (Jumping Meridian Time), una locura de reloj cuyo precio es mejor olvidar (recuerda que hablar de dinero es una ordinariez), ideado por Loïc Florentin, uno de los creadores de la marca, que al pasar tanto tiempo viajando por todo el mundo, necesita tener en la misma esfera su hora local y la hora del país en el que se encuentra y cambiarlas de forma sencilla. Vale, existen los iPhone, pero no es lo mismo.

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A mí me habréis visto normalmente con un reloj de acero, grande y muy masculino con la correa de color rosa. Es el Road Racer, un cronómetro inspirado en los coches vintage americanos como el Camaro. La esfera, de nácar, imita los faros, y los enganches de la correa, a los capós de los coches. Tiene además una placa en el lateral en la que se puede leer ‘a la folie’ porque… ¡qué otra cosa iba a poner yo si no!

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Algo más que he aprendido es que el oro es el oro. Ya puedes hacer relojes de acero, que el oro siempre gusta más. Y es cierto… Siendo todavía una novata en esto los relojes y sin saber el porqué, se me iban los ojos a los relojes de oro y en concreto a los de oro rosa. Y mira que a mi tono de piel el oro rosa no le favorecen nada, dicho por Susana, que de esto sabe un rato, pero oye… casualidades de la vida los de Le Rhöne me quedan estupendos 😉

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Así que con todo este nuevo conocimiento sobre el apasionante mundo de los relojes y con la ilusión de volver el año que viene a la próxima edición de BASELWORLD, vuelvo a mi rutina, apreciando aún más si cabe, la labor y el esfuerzo de todas las personas que trabajan en la industria de la relojería y la joyería.

Fotos: Santiago Esteban, Le Rhöne, Cinematiza


 

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