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El blog de Stefanie Milla

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Un manifiesto para no alabar (y menos criticar) la edad que aparentamos

Mujeres del mundo, desde aquí hago un llamamiento. No a las armas, sino a hacer un voto de silencio. Uno muy específico: por favor, dejemos de comentar si alguien está bien o mal “para su edad”.

Tremendas palabras: “para su edad”. ¿A que antes o después de las mismas nunca viene nada que no implique juzgar a otro?

No, por favor. No. No más. No nos lo hagamos a nosotras mismas.

Seguro que a estas alturas hay alguien que piensa que decir “wow, Isabel Preysler está fantástica para su edad” no tiene nada de malo, porque es cierto. O que comentar lo espectacular que Jane Fonda está para su edad no deja de ser un halago.

Y sí, es cierto que son mujeres de apariencia juvenil, pero… ¿no es algo enfermizo que si tecleamos “Jane Fonda” en Google lo primero que aparezca sea “Jane Fonda edad”? Y además, si de algunas mujeres lo que más apreciamos es que parezcan más jóvenes de lo que son – ¿qué significa eso para quienes, sencillamente, aparentan su edad? ¿O que parecen mayores? Alabando con tamaño entusiasmo a quienes parecen más jóvenes sólo conseguimos que algo tan natural y real como mostrar el paso del tiempo en su cara, en su cuerpo o en su caminar parezca algo negativo. Como si cumplir años fuera un horrible defecto, y no la consecuencia lógica de estar vivo.

Cuando parecer más joven se convierte en un valor codiciado, deseado y apreciado por los demás, aparece un fenómeno paralelo: una industria dedicada con ahínco a camuflar el paso del tiempo. Y ahí entramos de nuevo en terreno pantanoso, porque al igual que parecer más joven se alaba y se aplaude, que alguien muestre de manera visible las señales de haberse sometido a rellenos, botox o cirugía se considera casi peor. Malo si una aparenta su edad, ¡pero mucho peor si se ha hecho algún tratamiento estético y se nota!Parece que podemos alabar a Jane Fonda por su imagen a los 79 años – pero porque socialmente consideramos que “no se nota”. En cambio, ¿cuáles son los comentarios sobre los ojos de Robert Redford a sus 81 años? “Cómo se ha estropeado la cara”, “qué lástima”, “qué necesidad de meterse en líos”, “con lo guapo que era…”

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Se pide a la vez una cosa y su contrario: vamos a desafiar el paso del tiempo, sí. Vamos a jugar al espejo de Dorian Gray, sí. ¡Pero siempre y cuando nos guste el resultado! Porque tener arrugas nos parece malo, pero que sea muy visible que se ha invertido dinero en no tenerlas se considera aún peor. El nivel de críticas es tan despiadado como feroz si las mejillas están demasiado hinchadas, los labios como claveles reventones o las cejas arqueadas cual recreación de Mefisto a causa del bótox.

Posponer las señales del paso del tiempo cuesta tiempo, dinero y esfuerzo. Y es una opción respetable. Al igual que es respetable quien decide dejarse las canas, no preocuparse por las arrugas o perder el miedo a parecer “una abuelita”. Porque lo mejor de la juventud no es sólo tener la carne firme y la línea de la mandíbula perfecta. También es tener curiosidad, inquietudes, pasión por vivir, moverse con agilidad y sentirse fuerte. Y eso, ni se inyecta ni se opera. ¿Quién se apunta?

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