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El blog de Stefanie Milla

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Ácido hialurónico: las razones por las que lo encuentras ¡en todas partes!

No, no es imaginación tuya: si en belleza no haces más que oír hablar de este ácido, es por buenos (e hidratantes) motivos.

Tiene un nombre endiablado. Pero nos pasa con él lo mismo que con Schwarzenegger o Rosie Huntington-Whiteley: que no sólo somos capaces de decirlo, ¡sino hasta de deletrearlo! Y es que no por nada es uno de los activos estrella en cosmética. Razones no le faltan… Pasen y vean, que les vamos a descubrir algunas ¡y son sólo unas cuantas!

El ácido hialurónico es una sustancia que tenemos en el cuerpo. Sí, de forma natural. Y es una gran cosa eso de tenerlo… Porque nos ayuda a mover las articulaciones, a que los ojos no se sequen… Es un lubricante natural imprescindible para mantener hidratada la piel, porque actúa como un reservorio de agua. Pero, como tantas y tantas cosas, a medida que cumplimos años, lo vamos perdiendo. Y, por tanto, es más fácil que nos duelan las rodillas, que se nos sequen los ojos… y que la piel se deshidrate. No sólo eso: además, el ácido hialurónico juega un papel fundamental en la creación de colágeno, así que cuando lo perdemos, no sólo nos quedamos arrugaditas y sequitas cual pasa, sino, además, flácidas cual perro pachón. Un planazo, vamos.

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Cuando de capturar agua se trata, nada como el ácido hialurónico: a hidratante, ¡no hay quien le tosa!

Que el ácido hialurónico era la pera limonera se sabía hace mucho (pero mucho, mucho) en dermatología, pero el problema estaba en cómo obtenerlo: lo conseguían de las crestas de los gallos (sobre todo) o del humor vítreo de los peces, lo cual sale caro y, además, para qué negarlo, trae sus problemas de contaminación y cosas similares. La verdad, que no era un planazo conseguirlo.

Pero hete aquí que, como las ciencias avanzan que es una barbaridad, actualmente el ácido hialurónico es bastante fácil de obtener por sistemas bien limpitos y aseados y bien seguros. En general, por fermentación de determinadas levaduras. Y ya se sabe que de la fermentación salen cosas estupendas, sean el pan de masa madre o el vino, ¿no? Pues fermentando fermentando, el ácido (hialurónico) se nos va proporcionando…

He ahí la razón de que ahora haya tantos cosméticos con ácido hialurónico (de los inyectables hablaremos en otro post… prometido…): resulta fácil de obtener, y tampoco sale excesivamente caro. Aunque la verdadera razón es otra: funciona. Es un activo que, sencillamente, no falla. Hidrata que da gusto. No sólo porque ayuda a que la piel conserve el agua que tiene dentro, sino que además actúa como un imán que va pillando toda molécula de H2O que se le ponga a tiro.

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¿Recuerdan que les comenté que las ciencias avanzan y eso…? Bien, pues ahora, además de conseguir el ácido a buen precio y sin problemas de alergia, en el laboratorio se puede jugar con esta molécula para sacarle más partido. Por eso, ahora se encuentra tanto de alto como de bajo peso molecular.

Cuando hablamos de alto peso molecular nos referimos a una molécula bien grande y hermosa, rolliza ella. Y como es grande, no penetra mucho en la piel – y ni falta que le hace, porque actúa como tapón anti-escapes (de agua) y pillando hidratación del medio ambiente a lo loco.

A su lado, a veces trabajando en sinergia, o bien en otras ocasiones actuando por su cuenta, está el ácido hialurónico de bajo peso molecular. Que es más chiquitillo, pero con mucho encanto, porque su tamaño XXS hace que pueda penetrar más profundamente en la piel, y eso consigue animarla a producir más colágeno, que siempre viene bien para eso que tanto nos gusta de reafirmar y combatir la flacidez.

Ya nos habíamos acostumbrado a verlo en prácticamente todas las cremas: ahora ya está levantado el vuelo solo, convertido en estrella por derecho propio. Y funciona, ¡vaya si funciona! Aplicado sólo sobre las arrugas, las rellena de inmediato. Alrededor de los labios, les aporta volumen. Como sérum, aporta hidratación y tersura. E incluso se puede aplicar a lo largo del día si se siente la piel muy seca.

Visto lo visto… ¿cómo no aprenderse su endemoniado nombre…?


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