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El blog de Stefanie Milla

Polvos de sol

Los 7 errores que cometes con los polvos de sol

Y que te puedes ahorrar desde ¡ya mismo!

Llega el buen tiempo y nos queremos ver con un tono dorado – sí o sí. Y cuanto antes, mejor. Para ello, tenemos a nuestro alcance uno de los productos más deliciosos de la cosmética: los polvos de sol. Cada año, surgen fórmulas más ligeras, transparentes y modulables: lejos quedan los días de los productos que dejaban color de arcilla y una piel mate. Eso sí: para sacarles el mejor rendimiento, hay que evitar cometer estos (por otro lado, clásicos…) errores.

Sí, una buena brocha es necesaria

Redonda, grande, amplia: son los requisitos imprescindibles para una brocha que permita distribuir bien el color. No es un gasto: es una inversión. Ahora, mira la brocha que tienes en el neceser y decide si realmente es la mejor herramienta para aplicar tus polvos de sol.

Polvos de sol

No te enfades con tus polvos…

Es imposible no reírse cuando Eliecer Prince, maquillador de Guerlain (sí, la marca que nos trajo los Terracota…) explica cómo se altera cuando ve a las mujeres que, como él dice, “se pelean con sus polvos”. Sí: nos referimos a ese momento en que en vez de pasar la brocha delicadamente por encima de los mismos, la giramos sobre ella como si quisiéramos centrifugarlos. De esta forma sólo se consigue tomar demasiado producto y que el resultado sea poco sutil. Y es que basta con acariciar muy levemente la brocha por la superficie de los polvos para conseguir la cantidad justa y suficiente.

Brocha sobre piel: ¡nada de aterrizajes de emergencia!

De la misma forma que apretar la brocha contra los polvos es mala idea, no obtendremos nada bueno de también apretar la brocha – pero sobre la cara. Para conseguir el efecto deseado, basta con pasarla de forma casi superficial por la tez, para depositar sólo muy poco color. Si queremos más intensidad, siempre estaremos a tiempo de reaplicar, pero siempre muy poco a poco, para modular el tono deseado.

 

Con una pasada, no basta

Una vez se aplican los polvos de la forma deseada, toca difuminar. Y difuminar. Y volver a difuminar. Y difuminar de nuevo. Porque el secreto para dar al rostro calidez (frente a rayajos marrones…) es que el color se funda con la piel, sin líneas de demarcación.

 

La cara no se acaba en la mandíbula

No hay que limitarse a aplicar los polvos en el rostro: hay que darle continuidad en el cuello, especialmente por debajo de la mandíbula. Pasa ligeramente la brocha por debajo de la mandíbula, desde las orejas hasta la barbilla, para definir mejor el contorno. Después, traza un triángulo invertido que vaya desde detrás de la oreja hacia la clavícula descendiendo en línea recta, y luego de regreso hacia la parte inferior de la mandíbula. Al crear una “sombra” en los laterales del cuello, éste parecerá más largo.

Modelo con polvos de sol

No al color ultra bronceado

Los polvos de sol no son una herramienta para pasar de tener la piel de Nicole Kidman a la de Lupita Nyong’o de 0 a 100: son el cosmético debe aportar calidez a la piel. Y como tal debe usarse: no debemos intentar conseguir el color más intensamente bronceado de la mitad de agosto, sino buscar replicar ese “colorcito” que queda tras un fin de semana paseando por el campo. Por eso, ¡nada de apostar por colores mucho más oscuros que nuestro tono de piel!

 

Evita los efectos ultramates y muy planos

Cada vez son más las fórmulas de polvos de sol que incorporan otros tonos (beige irisado, salmón, rosa) que aportan luminosidad al resultado final, pues la idea es siempre conseguir un “efecto buena cara” más que un “tono ladrillo”. En caso de que tus polvos de sol favoritos sean de un solo color, compleméntalos con un toque de colorete que aporta volumen y brillo a la piel.


Además…

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