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¿Te reencarnarías en la Preysler?

La conversación arranca con el clásico ¿qué vas a hacer en Nochevieja?, sigue con la reencarnación y termina con un conato de debate sobre Isabel Preysler. Es lo que tienen las cenas de Navidad; siempre sabes cómo empiezan pero nunca cómo acaban.

Como cada año, nos juntamos las amigas de toda la vida. De esas que nos queremos de forma incondicional y nos apoyamos pase lo que pase. Nos hemos visto rezando en la primera comunión y llorando por nuestro primer novio, y eso une para siempre.

No sé quién sacó el tema de la reencarnación y si lo hizo en plan serio –lo dudo–, pero la cosa es que todas debíamos decir en quién nos gustaría clonarnos. Como si el apocalipsis fuera en 2018 y creyéramos en otra vida, ambas cosas improbables. Y no valía ponerse intenso; nada de Madame Curie, Clara Campoamor o Teresa de Calcuta. Había que escoger a alguien con una existencia erótico-sentimental digna de querer ponerse en sus zapatos, miserias incluidas.

Rompe el hielo la de siempre, como si la contratáramos para hacerlo: “¿puedo decir un hombre? Porque yo lo tengo clarísimo: Mike Jagger. Se lo ha pasado genial, ha tenido todas las mujeres que ha querido, acaba de ser padre por octava vez, es rico, forma parte de la historia de la música, sigue llenando los conciertos…”.

No está nada mal pero el cupo masculino queda cubierto. “Yo me quedo con Joanne Woodward. ¿Quién quiere una vida agitada cuando puedes compartirla con Paul Newman?”, añade la romántica incurable. Tampoco le falta razón. Se oyen Madonna, Penélope Cruz, Cindy Crawford, la Duquesa de Alba, Blanca Suárez…  “Yo me reencarnaría en Isabel Preysler”, dice alguien con la boca pequeña.

“¿La Preysler? ¡Tú qué dices!”, la increpamos al unísono. “Decir lo que os parezca pero su vida parece de película –responde viniéndose arriba–. Ha tenido tres maridos estupendos, cada uno en lo suyo, y cuando se acerca a los 70 se muere por sus huesos un premio Nobel que no está nada mal. Eso sin contar que ha hecho un pacto con el diablo y vive como una reina sin pegar un palo al agua. ¿No me digáis que no firmaríais por ser como ella cuando tengáis su edad?”. Se hace el silencio y aparecen las caras de póquer. ¿Y si pedimos el postre y pasamos a otro tema?


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