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Adictas al amor

El blog de Personal Lover

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¿Mejor sola o acompañada?

Yo pedí a los Reyes Magos un buen novio y me han traído una camilla para dar masajes. O más bien para recibirlos porque yo no he sido bendecida precisamente con unas manos mágicas. En cualquier caso, creo que todo se debe a una confusión de los emisarios de sus majestades –léase mi madre– o al mal funcionamiento de correos.

Me explico. Hace un tiempo salí con un abogado con alma de masajista y la cosa fue tan intensa que pedí encarecidamente a Melchor que me trajera una camilla. Y él ha respondido a mis deseos pero con varios años de retraso.

¿Y para qué quiero yo ahora una camilla? ¿Para abandonarme al relax si ya no tengo un perrito que me ladre? 

Mucho me temo que acabará a precio de saldo en Wallapop o abandonada en el trastero de mi hermana junto al equipo de buceo y al kit de “cómo montar un huerto en la terraza”. Porque hay cosas que solo cobran sentido cuando una está enamorada/atontada y puede compartirlas pero cuando suenan los tambores de ruptura pierden toda la gracia. Y al revés. Otras que parecen haberse inventado para disfrutarlas en solitario y dejan de resultar apetecibles en formato tándem.

A propósito de la inesperada camilla dediqué el primer domingo deprimente del año a reflexionar sobre este tema –mientras me ponía ciega de roscón– y llegué a conclusiones muy interesantes. Por ejemplo, con pareja es una auténtica tortura:

1.Ir de compras. ¿Hay algo peor que un hombre con cara de vaca mirando al tren apalancado en un probador? Sí, un novio en Ikea perdiendo los papeles.

2.Leer en la cama. Salvo que te compres un casco de minero con linterna incorporada, ni lo intentes. Dará vueltas tirando del edredón hasta que claudiques ante la cucharita.

3.Pasar un día entero cocinando, viendo series, haciendo punto, poniéndote mascarillas o tirada en el sofá en modo mascota. A él le entrará el síndrome del animal enjaulado y acabarás en la calle aunque amenace ciclogénesis explosiva.

4.Salir juntos con tus amigas o tu familia. “Es que habláis de vuestras cosas”, es la más común de las excusas y un tópico recurrente. ¿Se supone que debemos conversar sobre Messi? No, gracias.

5.Ir a la playa. Monopolizará la sombrilla y a los cinco minutos ya querrá ir al chiringuito o jugar a las palas. Eso sí, resulta imprescindible si no quieres quemarte la espalda.

Podría añadir pasear sin rumbo fijo, llorar en el cine, echar la siesta… A cada una lo que le pida el cuerpo, pero conviene valorar estos “pequeños” placeres cuando estamos solteras y sin compromiso porque luego las echaremos de menos. Y mucho…


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