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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

la primera vez

La anorgasmia femenina: ¿por qué ocurre?

Allí estaba ella, con su vestidito de topos y su aspecto de Pin Up dispuesta a debatir sobre el hecho sexual humano. Al poco de que el moderador le diera la palabra y ella abriera su amplia boca, profirió, como aquel que acaba de descubrir que el agua puede calentarse, aquello de: “Pero, si no pasa naaaada, ¡¡¡el sexo es natural!!!”

Pensé que el debate ya se había acabado muchísimo tiempo antes de empezar. Es más, pensé que nunca había habido ningún debate en torno a estos seres sexuados que somos los humanos, en la cabecita de aquella persona que debía suponer que el vestirse de vedette, el ponerse un push-up y el pintarse los labios de un rojo carmín, como una parte de la manifestación de su sexualidad, le había sido otorgado “naturalmente”, que debía venir inscrito en sus genes y que la cultura no había influido lo más mínimo en ese proceso dinámico de su sexualidad.

Además, si el hecho sexual humano es “natural”, ¿para qué diantres íbamos a ponernos a hablar sobre él?, ¿para qué íbamos a reflexionar, valorar sus problemáticas o analizar sus símbolos… hacer cultura, en definitiva? En el rato que duró el debate, su argumento monocorde fue solo uno… ¿Lo podéis imaginar? Pues sí: “Pero, si no pasa naaaada, ¡¡¡el sexo es natural!!!”.

El sexo solo es “natural” en los pulpos…

El sexo es natural en los pulpos, pero en los humanos, es una de las actividades más culturizadas que desarrollamos. Nuestro hecho sexual humano está plagado de interdicciones culturales (sin las que no podríamos desplegar nuestra propia condición sexuada), de referencias simbólicas que trufan nuestro deseo sexual (el “me pone” de alguien depende de con lo que lo relacionamos simbólicamente) y de conflictos con los que nuestra erótica aborda eso tan complejo del “otro”.

Otra cosa es que los procesos orgánicos derivados de nuestra respuesta sexual tengan una operatividad biológica, es decir, se activen y desarrollen de manera “natural”; yo no “pienso” en lubricar si estoy excitada, de eso se encarga por sí solo mi organismo, pero siempre, siempre interfiere, se inmiscuye y condiciona mi cultura, por ejemplo, en la forma en que ésta ha conformado mi propia escala de valores que posibilitará o no la lubricación. Somos animales, sí, pero animales culturales (por lo menos hasta nueva orden…)

consejos-anorgasmia

Los motivos de la anorgasmia femenina

Tomemos, por ejemplo, la más biológica de las reacciones de nuestra respuesta sexual, el orgasmo, pero coloquémoslo en un individuo hembra de nuestra especie. Si el orgasmo femenino operara exclusivamente de manera biológica (“natural”), ya no sería ni femenino ni humano (y yo tendría mi consulta vacía…) No existiría la anorgasmia femenina ni primaria ni secundaria y eso, desgraciadamente, no es así.

Los motivos son diversos; por ejemplo, la maquinaria de gozo femenina es compleja y necesita de un sistema maduro de comprensión y práctica que posibilite una estimulación efectiva de sus resortes. Pero, ¿por qué nos resulta más compleja la anatomía del goce para nosotras de lo que le resulta a un hombre? Pues, básicamente, porque en cuanto mujeres, llevamos una infinita trayectoria y una enorme presión acumulada de una “cultura” que ha reprimido milenariamente, vía goce, el deseo femenino y que ha ocultado a la propia mujer el conocimiento de su propio cuerpo.

Que ha hecho que su natural reacción biológica se vea una y otra vez truncada, interferida, condicionada en su respuesta sexual por esa cultura de la represión que fuera hegemónica. Que hizo y continúa haciendo que sus procesos de excitación estén siempre bajo sospecha, que sus fantasías se valoren como incriminatorias y no como una riqueza de un simbólico y potente imaginario erótico.

Y ahora que la hegemonía de la cultura capitalista exige el goce continuo, cada vez más frecuente y más intenso, nos sentimos desbordadas por no poder rendir lo que se nos dice que podríamos rendir, siempre un paso por detrás, incapaces de alcanzar ese séptimo cielo que nos prometen los gurús y los recetarios de la cultura del híper consumo y de la falsa liberación que nos vende el mercado. ¿Es, por tanto, el orgasmo femenino “natural”? Tan natural como leer a Dostoievski pese a que veamos como natural el pasar los ojos sobre el libro. Eso no debemos olvidarlo por más que lo olviden algunos/as.

El remedio: saber que tenemos que aprender a permitirnos sentir un orgasmo

Con todo ello, las mujeres, aún hoy en día, tenemos que aprender a permitirnos que nuestro orgasmo nos suceda, tenemos que aprender a alcanzar la serenidad y el derecho a impedir que no nos suceda cuando queremos que nos suceda. Y eso no es siempre tarea sencilla, pues, todavía necesitamos tiempo biográfico, conocimiento de nuestra anatomía… y cultura. La cultura suficiente como para saber cuándo inhibir los condicionantes culturales que interfieren en la natural reactividad orgásmica de nuestro cuerpo, de un particularísimo cuerpo que piensa.

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