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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Mila Kunis as "Jaime" and Justin Timberlake as "Dylan" in Screen Gems' FRIENDS WITH BENEFITS.

Ponga (o no) un ‘follamigo’ en su vida

Siempre me han producido cierta urticaria los neologismos cuando no alteran el concepto (pues tiendo a creer que lo único que quieren es vendernos lo de siempre simplemente cambiando el envoltorio) y tampoco tengo mucha simpatía por juntar palabras enacrónimos (suelo creer que lo único que pretenden es deshabilitaros la comprensión y la reflexión sobre las palabras de las que deriva el acrónimo). El término “follamigo” cumple esos dos incómodos requisitos; es un neologismo que no remite a nada nuevo y es un acrónimo que reduce a casi nada lo que significa follar y lo que significa amistad. Cuando yo era moza, teníamos una expresión, a mi parecer mucho más poética y acertada para designar lo mismo, “amigos con derecho a roce”, pues, de hecho, de eso se trataba: de una amistad en sentido pleno que estaba autorizada a vincularse con nosotras a través del roce (una caricia que no implica ni desemboca en el cogerse de la mano).

La figura del “follamigos es viable… siempre que no dure mucho

Más allá de los análisis lingüísticos que a muchas/os pueden parecerles aburridos pero que, a servidora, le fascinan porque tienden a desenraizar múltiples trampas, veamos si esa figura del “follamigo” tiene mucho recorrido dentro de la infinidad de matices con los que los humanos podemos relacionarnos entre nosotros. Aparentemente el plan es perfecto. Encuentras una persona con la que tienes suficiente confianza como para que te revise los bajos, te soporte una noche de borrachera y no por ello te tienes que casar con ella ni someterte a eso farragoso y exigente de establecer compromiso sentimental… algo así como el ¿para qué vas a construir un hogar si puedes vivir en un hotel? Y la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿es, de verdad, viable esta figura? Mi valoración y mi experiencia es que sí; es perfectamente viable tener un “follamigo” y todo lo que implica (por ejemplo, compaginar amistad y sexo)… siempre que no dure mucho. Me explico: la base y lo radical de este tipo de contacto es que no sea el principio de nada sino el fin en sí mismo, o dicho de otra manera, que encarne la más provechosa de las relaciones sin las exigencias de los compromisos.

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Pero ocurre que, sin compromiso firme, ni se desarrolla la amistad ni puede desarrollar, como exige el acta fundacional del “follamigo”, ningún tipo de sentimiento amoroso… y sin ese sentimiento amoroso, a la larga, el sexo con el mismo elemento deja de resultarnos satisfactorio porque se convierte en rutinario (deja de proporcionarnos el subidón de la novedad, de la exploración… Es como si en el hotel tuvieras que empezar a hacerte la cama). Si a una, después de quince años follando con alguien, este follar le sigue produciendo satisfacción es porque hay un “algo más” que lo sustenta que el roce descomprometido. Con el tiempo, el “follamigo” como “partner” erótico se acaba desmenuzando como la nieve en primavera. Llegados a este punto, la solución parece sencilla; cuando el “follamigo” pierde interés, buscamos a otro “follamigo” que lo sustituya, es decir, nos convertimos en folladoras secuenciales de “follamigos”. Y es ahí cuando surge una segunda cuestión todavía más inquietante que la primera: ¿de verdad queremos establecer nuestros afectos eróticos exclusivamente en base a relaciones esporádicas más o menos aseguradas? Mi valoración y mi experiencia es que no.

Los humanos buscamos irremediablemente, mal que nos pese, desarrollarnos y desarrollar lo que tenemos a mano, buscamos algo más que cambiar de camiseta todos los días por más que estas estén tiradas de precio y nos ofrezcan una oferta ingente de ellas. Cuando en consulta trato con una persona que me manifiesta que lo único a lo que aspira y a lo que siempre ha aspirado es a sertremendamente “liberada” y sin ninguna necesidad de compromiso, siempre suele acabar aflorandolo mismo; la necesidad de euforias secuenciales que le produce el sexo con uno y luego con otro. Lo que encierra no es una satisfacción existencial por el éxito erótico que pueda considerar que tiene sino un sentimiento de frustración por un vacío afectivo que no se ve capaz de llenar. Siempre aspiran a “algo más” que considerar al otro como un “tapa agujeros” garantizado y con posibilidad de devolución y a ellas mismas como un agujero que tapar….por mucho gustito y euforia que le produzca el “taponamiento”. Y no siempre esta figura desarrollada con la amistad del amante ocasional puede satisfacer esta demanda.

Hay ocasiones, en cambio, que soy yo misma la que recomienda, como herramienta terapéutica, esa figura del amante un poco más implicado si considero que, en la biografía o en la estructura psíquica de mi paciente, le puede proporcionar algún tipo de extensión o riqueza para romper algunos bloqueos eróticos. Así, y esto sería aplicable a todos los órdenes de la vida y sería una regla universal del tipo de la dialéctica hegeliana o lo del Ying y el Yang del taoísmo, las cosas van bien y están bien definidas sólo en determinado momento de nuestras existencias, pero justo en ese momento en el que todo está claro y nos satisface como está, empieza el proceso que llevará esa claridad hacia la oscuridad, a devenir otra cosa de lo que era cuando la definimos. Y un “follamigo” es una magnífica demostración de esto, pues a poco que lo dejes desarrollarse contigo, desaparece como “follamigo” y deviene un amigo de verdad o un marido o un aburrido amante o deviene nada, absolutamente nada (que es lo que suele pasar) Y es que, cuando algo está muy particularizado y sus funciones son tan específicas como en este caso, no puede evolucionar sin devenir otra cosa, es decir, no puede desarrollarse más, está condenado a ser eso y sólo eso…si con un bisturí de precisión cardiológico cascas las nueces, al poco el instrumento dejará de ser un bisturí y devendrá un cascanueces (y lo que es peor… un mal cascanueces)

Así que si tienen Vds. un “follamigo” y les entretiene, disfrútenlo como tal el tiempo que dure y, entre tanto y por si las moscas, no olviden recordar y releer a Ovidio cuando decía aquello de que “ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que se muere de sed” (que nunca se sabe en estos páramos ni a quién ni cuándo nos va a pillar la sed).


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