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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Por qué me gustaba más ‘Juego de Tronos’ cuando había sexo?

Era un asunto de los clásicos el iniciar sus tramas o sus obras teatrales con una indicación de inicio que llevaba el nombre de “dramatis personae”. En ella, se recogían los personajes principales de la función y se les caracterizaba mínimamente, por ejemplo estableciendo vínculos y parentescos entre ellos a fin de que el lector o el espectador pudieran, si se perdían por los vericuetos de la intriga, recurrir a esa relación para resituarse. Si tomamos, por ejemplo, una novelita de Agatha Christie, veremos que, justo tras la hoja en blanco de cortesía, aparece esa relación que compone el “dramatis personae”. Y es que claro, de una forma u otra, al inicio de cualquier relato, hay que presentarle al espectador los personajes, por lo que, de una manera u otra, les caracteriza.

El autor tiene que ser capaz de enseñarle al espectador la “máscara”. Una curiosidad; el término “persona” proviene del latín que lo tomó del griego “prósopon”, que significa literalmente “máscara”, lo que se colocaba frente al rostro para permitir que la voz del actor llegase hasta el público (actuando como una especie de altavoz “avant la lettre”) a la vez que remarcabade la expresión de un sentimiento (tristeza, ira, ternura…) rasgos concretos de su personalidad… Toda una declaración de que el mundo es un teatro y nosotros solo nuestras máscaras. Y eso ha sido así desde ‘Los siete contra Tebas’ de Esquilo hasta esta época postmodernista, situada en tiempos de vaya usted a saber cuándo, que es ‘Juego de Tronos’.

Para un autor es fascinante diseñar la “máscara” de un personaje y es fascinante para el espectador el verla, pues en ella aparece la conformación primera del personaje, “lo que es” de inicio. Pero en “lo que es” determinado personaje no sólo hay que poder apreciar su personalidad, sus pasiones, sus deseos, sus miedos, sino también, y sobre todo, su sexualidad, pues esta es tremendamente definitoria de lo que de verdad es, de lo que cincela, da color y tridimensionalidad a su máscara.

La serie empezó a mostrarnos, sin escatimar detalle, los personajes haciendo hincapié en su sexualidad

Así, y dejando de lado que esta fascinación por la sexualidad de los demás es siempre un magnífico reclamo para engancharse a cualquier trama, la serie “Juego de Tronos” empezó a mostrarnos los personajes haciendo un importante hincapié en la sexualidad de sus “dramatis personae”. Vimos a una virginal Daenerys desnuda (un desnudo que conformaba su sexualidad en cuanto que explicitaba una cándida inocencia con relación a su ser sexuado) poco antes de ser embestida “a tergo” por Khal Drogo… que debía embestir como una manada de búfalos tras tres días de ayuno (además de tener un cimbrel, eso se le supone, similar al Obelisco de la Victoria). Vimos a un eunuco, ‘Gusano Gris’ (que por ser eunuco no le faltaba pene que alimentar, que hay algunos que se lían con eso) mantener un “amour de loin” trovadoresco con una versión inmaculada y carnal de “C3PO”, Missandei, y no vimos mantener interacciones sexuales (y eso también refleja su sexualidad) a, por ejemplo, un dignísimo jefe de clan y padre de familia como Eddard Stark.

Los autores quisieron mostrarnos también, a través de la máscara de su sexualidad, la depravación y corrupción de los supremacistas Cersei Lannister y Jaime Lannister (si bien éste último se va, en el transcurrir de la serie, convirtiendo en un desconcertado bollito de leche) o el vicio y el exceso lujurioso de un Tyrion Lannister (que también irán dulcificando e introduciendo sabiduría en sus quehaceres) Pero también vimos, especialmente para el ojo adiestrado de una sexóloga, muchas muestras más, algunas interesantísimas, de la sexualidad como explicitación de los personajes; desde Lysa Tully, cuñada de Eddard Stark, amamantando a un hijo en edad de empezar la mili en Chafarinas (llega una edad en la vida del infante en el que amamantarlo deja de ser un acto de nutrición infantil para ser un rasgo de la sexualidad de madre e hijo) a la relación sádico erótica gay entre Theon Greyjoy y el adiestrador de perros Ramsay Nieve (¡qué buen bocado acaba teniendo éste!) o la furiosa retención en el desarrollo de su sexualidad (que también es sexualidad) en la inabarcable y sublimadora Brienne de Tarth.

Las particularidades sexuales de los personajes reflejan mucho mejor que mil acciones lo que cada uno es

Es así como ‘Juego de Tronos’, sin escatimar detalle, nos presentaba a sus personajes; a través de las particularidades de su sexualidad… y a servidora eso le conquista pues refleja muchísimo mejor que mil discursos y otras mil acciones de uno lo que cada uno es, lo que cada uno de nosotros somos. Tomemos por ejemplo a John Nieve. A mí, desde el principio de la serie, y eso puede soliviantar a más de una/o, me parece un bobo, posiblemente el personaje más vulgar y común de la serie y en el que, quizá, recae el peso de la aventura precisamente por eso; por ser un tipo absolutamente ordinario que está toda la saga con cara de preguntarse; “¿pero, qué coño hago yo aquí metido en este berenjenal?”. Y, ¿qué nos muestra la serie de su sexualidad? Pues eso, que es un tipo noblote y normal, que es el típico que, en cuanto le dan un poco de cariño y un buen meneo, se enamora, como le sucede con la salvaje Ygritte o que no ofrece sus lúbricos encantos hasta que se enamora (véase el caso de Daenerys… ¡verás tú el susto que te vas a llevar con ésta!)

Y luego, se truecan, desgraciadamente, sábanas por banderas…

Llega un punto, como pasa en todo buen matrimonio, en que la puesta en escena de la sexualidad cede a favor de otras metas más pragmáticas y grandilocuentes. En ‘Juego de tronos’, los espacios cerrados de la condición humana ceden el lugar a los campos abiertos de las batallas y se truecan sábanas por banderas, falos por mástiles, gemidos por alaridos, política de lecho por guerra sin cuartel, erotismo por cuchilladas y las sutilezas por espectacularidades. ¿Qué le vamos a hacer? Entiendo que a determinado público le ponga más los fuegos pirotécnicos que las escenas de boudoir y, con gran resignación por mi parte, lo acepto, aunque en cualquier caso, nadie me impedirá imaginar que la madre de todas las guerra no va a ser otra cosa que una monumental orgía de espadines, penetraciones y bichos echando fuego por las tripas…aunque, con esto, esté desvelando, a través de mi sexualidad, la máscara que me presenta.


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