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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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“Pornografía” y “erotismo”: una historia curiosa

A lo largo de toda la historia de la humanidad, hemos representado con muy diversos fines, distintos aspectos derivados de nuestra condición de seres sexuados. En ocasiones, cumplían una función evocadora y de reclamo a cuestiones reproductivas relacionadas con la fertilidad, pero otras veces han sido manifestaciones lúdicas de carácter, digamos, subversivo o exposiciones que, lo que pretendían, eran invocar a nuestra libido (que, en eso de “calentarnos”, no sólo de fuego vive la humanidad). Lo que no ha existido siempre ha sido la pornografía ni el querer catalogar esas manifestaciones de ningún modo en función de lo explícitas que fueran o el clasificarlas en diversos epígrafes en función de un planteamiento moral.

Nuestra moderna diferenciación surge bajo el reclamo de una férrea moralidad cristiana que prohíbe o sanciona cualquier representación concupiscente y un descubrimiento arqueológico que empieza a inundar el mundo de esas artísticas y “pecaminosas” imágenes. Así, el término “pornográfico”, que por más que se haya formado de dos términos griegos, “porné” (prostituta de más bajo rango dentro de la escala de prostitución que existía en la antigua Grecia) y “grapho” (escribir, trazar, representar), nunca fue usado en la antigüedad.

Se empezó a aplicar tras las excavaciones arqueológicas del XVIII y XIX de Pompeya y Herculano y el descubrimiento de los frescos sicalípticos que adornaban las cámaras y demás enseres picantones que aparecieron, en perfecto estado, y a cascoporro bajo la cenizas que depositó en estas urbes el Vesubio en el siglo I de nuestra era.

Como decimos, se producía así, en ese momento, dos circunstancias que exigían una reclasificación y recalificación moral de este tipo de representaciones; por un lado,un “ambiente” religioso y puritano que reprimía ferozmente estas representaciones, y por el otro,una súbita aparición pública de este tipo de material que no podía ser simplemente destruido o ignorado. A lo que allí se descubrió y se exhibió de manera restringida al gran público, se le llamó “pornografía” y lo que de allí se recuperó y fue a parar a las colecciones privadas de adinerados erotómanos, se le llamó“erotismo”. La pornografía era para el gentil analfabeto y el erotismo para el rico cultivado. Nada más y nada menos.

Lo que para uno puede ser pornográfico, para otro puede ser erótico y viceversa

En realidad, el neologismo “pornografía” y el concepto de erotismo tienen nada o muy poco que ver. El primero hace referencia a la producción y al comercio de material sicalíptico (a eso, los antiguos griegos lo llamaban algo así como “porneia” sin más y sin que cupiera en el término calificación moral alguna… bueno, malo, adecuado, inconveniente, etcétera) y el segundo, a esa profunda condición humana ligada al hecho de ser sexuados y que hace que nos relacionemos, que nos vinculemos y que creemos afectos entre nosotros.

Lo que sucede es que la poderosa “industria del porno” iniciaba,en esos momentos de la primera Revolución Industrial, su particular auge a raíz de innovaciones técnicas como la fotografía y el cine, y tenía que calificar y permitir que se calificase su producto. Así, y en función de conceptos como el de lo explícito y el grado de simulación o de representación, a uno de esos productos comercializables se le llama “pornográfico” y a otro “erótico” (pero como decíamos, lo podían haber llamado “bilirrubina”).

De esta primera ramificación y de esa primera intención surgen,entonces y hasta nuestros días, muchas otras; que si porno “hardcore” que si “soft” que si “X” o “S”, que si “amateur” o “romantic”, etcétera, etcétera. Y como sucede con la mayoría de nuestras clasificaciones, la frontera entre todas las subespecies ni está del todo clara ni tiene un excesivo sentido. Lo que para uno puede ser pornográfico, para otro puede ser erótico y viceversa, lo que para uno puede ser ofensivo para el otro puede ser un jardín en primavera.

El porno es un acto y el erotismo la promesa de un acto

Sea como fuese, a la pornografía se le atribuye el realizar productos muy explícitos y, a la producción erótica, la anticipación de situaciones que pueden hacerse explícitas. A la pornografía, en su más desarrollada vertiente cinematográfica, se le atribuye el “presentar” (lo que se ve sucede por muy teatralizada que sea su organización) y al erotismo el “representar” (lo que se ve se simula). El porno es un acto y el erotismo el anticipo y la promesa de un acto. El porno satisface la pulsión de la mirada, el erotismo la estimula. Y así unas cuantas diferencias más de orden conceptual y estético entre las que no siguen faltando las dudosas valoraciones morales de origen; el porno es de baja calidad, el erotismo es de alta calidad, el porno es “malo” y el erotismo “bueno” o el porno es para zafios y el erotismo para mentes cultivadas…valoraciones estúpidas pues hay presentaciones de las llamadas eróticas de malísima calidad y que sólo estimularían a un bobo y planteamientos pornográficos de mucha calidad solo aptos para cabezas muy bien amuebladas.

Muchas veces, ponemos nombres a las cosas para comprenderlas o solo para juzgarlas moralmente

Del primer pornógrafo que tenemos noticias es de Parrasio de Éfeso, un reconocidísimo pintor que habitó en Grecia en el siglo V a.C. De él se decía que, con sus obras y su refinado naturalismo, era capaz de confundir al más avezado ojo humano. Uno de sus motivos recurrentes que representaban sus obras eran las putas. Hacía, por tanto, “pornografía” pero nadie nunca en su época la calificó como tal. Y es que, a veces, ponemos nombre a las cosas para comprender y otras, simplemente, para poder juzgarlas moralmente… Por cierto, con la heterosexualidad y la homosexualidad, que tampoco existían en tiempos de Parrasio, pasó lo mismo, pero esa es otra historia.


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