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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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El sexo anal: ¿una práctica estrella?

De un tiempo a esta parte, hay una marcada inclinación por normalizar y recomendar como práctica erótica la sodomía. No es que se trate, este año en concreto, del producto “estrella” en el bazar de las eróticas, pero las que venimos siguiendo de antiguo las informaciones y sensibilidades sobre las diversas prácticas sexuales, detectamos con facilidad una progresiva difusión y aceptación en lo de entrar por el “recto camino”. De hecho, la sodomía es tan antigua como el descubrir que todos, hombres y mujeres, tenemos una oquedad entre los glúteos, y el uso erótico de la misma ha tenido muy diversas condenas y aceptaciones según los tiempos y las culturas.

Asociada (erróneamente) a las prácticas “homo eróticas” masculinas, ha solido ser condenada no tanto por la práctica en sí sino por la condena furibunda sobre la orientación sexual en la que se quería hacer reposar. Pero el sexo anal no es, ni ha sido nunca, exclusivo de “gays” (de hecho en esa orientación sexual es menos frecuente de lo que se cree). Lo cierto es que ha sido, especialmente en sociedades que han perseguido la homosexualidad masculina, un gran método, sino el principal, para, en las relaciones heterosexuales, evitar la concepción y preservar eso que viene en llamarse la “virginidad” de la mujer.

Y por ese lado también ha estado mal vista por devenir una práctica “improductiva”, es decir, una práctica que, por no engendrar, se destina exclusivamente al placer… Y ya se sabe, lo hedónico y las morales de la privación nunca se han llevado excesivamente bien. Si a todo esto añadimos que el ano y el recto son considerados vías “sucias” no preparadas para recibir sino para expulsar, no es extraño que el sexo anal se haya practicado y mucho pero siempre con la boca pequeña (va sin segundas lo de “boca pequeña”).

Toda esa mala prensa ha hecho que, hasta en nuestro lenguaje coloquial, la sodomía se haya entendido tradicionalmente de forma negativa, de manera que cuando decimos que algo o alguien “nos da mucho por el culo” no estamos pensando precisamente en que nos proporciona un placer enorme sino justo todo lo contrario.

 

El sexo anal tiene unas ventajas que le hacen digno de tenerse en cuenta

En realidad, sí es cierto que la anatomía y funcionalidad de la “gatera” no está diseñada para ser penetrada, especialmente con la vehemencia que suele mostrar el patrón pornográfico (esto de ir directamente al “hoyo” está bien para el golf pero no para el sexo), pues, por ejemplo, no tiene lubricación propia, pero a cambio presenta unas ventajas que la hacen digna de tenerse en cuenta. A saber, el ano tiene más terminaciones nerviosas que la vagina, lo que, como elemento reactivo y de gozo, se puede mostrar más eficaz que ésta.

En los varones, es el único modo que permite, sin tener que coger el bisturí y el anestesista, el alcanzar y estimular la próstata (verdadero centro neurálgico del orgasmo masculino). Su presunta “suciedad” puede amortiguarse con un aseo más o menos específico de la zona, con el cambio de preservativo entre el ano y la vagina y además, conviene recordar que el agujero que en nuestro cuerpo tiene más concentración de bacterias no es el ano, sino la boca… y no tenemos especiales reparos en “comernos” la de nuestro amante a poco que la cosa empiece a estar calentita.

Ventajas de una erótica  que, en un plano de análisis frío, hacen que deba ser razonablemente valorada y digna de considerarse como una práctica más a añadir en nuestras relaciones.

 

Una cosa es la explicación y otra el proselitismo

Pero, y esto que voy a decir es sagrado para una sexóloga, una cosa es la explicación y otra el proselitismo, y en estos tiempos de normalización erótica llevada en ocasiones al paroxismo, se suele leer demasiada información que hace más lo segundo que lo primero y el sexo anal parece haberse convertido más en una especie de salvoconducto y de vía de acceso a una presunta liberación que en lo que en realidad es; simple y llanamente una erótica más y otra manera de amarnos.

En materia sexual y en la vida en general existe una regla de oro; todos tenemos derecho a hacer justo lo que creamos conveniente hacer sin perjudicar al otro ni a uno mismo. Así que si tú eres de las que lo de los “juegos en la trastienda” no te parecen lo tuyo, estás en tu pleno derecho a privarte de ello sin por ello devenir una mojigata, una estrecha o alguien que no está “à la page” en materia sexual (eso de abrir el “tercer ojo” no siempre es sinónimo de iluminación).

Problema del otro será el entender que hay personas que por ahí ni les apetece ni les cabe nada… ni siquiera la menor duda.


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