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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Sexo: dímelo al oído

Los sentidos son esos mecanismos fisiológicos que nos permiten conectar, valorar y conocer nuestro entorno. Su función es la apertura y la construcción de la conciencia, nos abren al mundo, y sin ellos nuestra conciencia se haría en exceso auto reflexiva hasta alcanzar la parálisis de la locura.

Esa condición de puerta, pero no es una simple oquedad por la que salir y entrar sino de una puerta cognitiva que me hace a mí misma la exterioridad, hace que los sentidos tengan una capital importancia en el desarrollo de nuestra sexualidad. De hecho, en una interacción sexual, todos los sentidos cobran una especial importancia en todas las fases del encuentro, al menos hasta el momento de la gran introspección, hasta el momento del orgasmo.

Sin embargo, parece que en las distintas fases que se inician en el cortejo y en las distintas secuencias de nuestra respuesta sexual, a nosotras las mujeres, el oído nos enloquece. Tanto es así que podríamos decir que las mujeres tocamos de oído, vamos, que no resistimos el canto de las sirenas ni atadas al mástil y con más cera en los oídos que la abeja Maya.

 

El sentido del oído permite evocar mejor el relato deseante femenino

El porqué de esta particularidad puede deberse a nuestra mayor necesidad de evocación en el relato deseante que sustenta un encuentro sexual. Nosotras nos apoyamos más en la representación de lo que sucede que en lo que sucede, quizá por eso el hombre (el “homo sapiens”, que en estos menesteres, a duras penas pasa de “homo erectus”) tira más de la vista, que es un sentido que requiere y que establece distancia con lo observado.

El modelo pornográfico, tramposillo él en mucho aspectos, suele intentar obviar esta particularidad de tal modo que suele presentar, en el traqueteo, a una joven que, entre taladro y taladro, no se calla ni debajo del agua profiriendo en continuo y con los ojos muy abiertos, inflamadas expresiones de aliento (del tipo “fuck me, fuck me”) o exageradas manifestaciones de gozo (del tipo “Oh my God, oh my God”) que no buscan más propósito que, a modo de eficaz mamporrero, sostener el mástil en su sitio…

Pero si tienen Vds. ocasión de ver la cara del macho y si el plano se lo permite, fíjense donde tiene puesta la vista (sí, allá en la entrepierna) y no me nieguen que parece estar invocando a todos los dioses para que se calle la parienta y no le perturbe su visión con los estimuladores graznidos. Y es que, en la realidad de una interacción sexual, ese modo puede darse, pero lo habitual es el contrario; ella con los ojos cerrados y los oídos abiertos y él con los ojos abiertos y soltando perlas por esa boquita.

 

El oído tiene una gran capacidad para generar emociones

Y es que el oído, independientemente del género del que escucha, tiene una  sorprendente capacidad para generar emociones y para activar de determinada forma la movilidad de nuestro cuerpo. Piensen por ejemplo en esa música que suele acompañar los preliminares… ¿o creen que es casualidad que en casa de cualquier seductor/a no suela faltar el equipo de música junto al disco correspondiente? No, no es casualidad, pues la música es capaz de manejar a placer nuestras emociones (nos puede tanto entristecer como sobreactivar) y además nos incita al movimiento al contagiarnos el ritmo.

Pero no es sólo tarea de los grandes amantes el actuar de DJ, sino especialmente el saber manejar con maestría el oído del otro. Una procacidad oportuna, un cumplido acertado, un acento exótico (las francesas, en esto llevamos ventaja, pues parece que nuestro acento es de los más apreciados por estas tierras)  o un jadeo a tiempo son las notas que pueden componer una de las más sobrecogedoras sinfonías que nuestro oído quiere escuchar para transmitir su deleite al cuerpo.

Y en manos del compositor queda la destreza para encontrar las armonías y los contrapuntos del lenguaje y la música de las pasiones, no de manera artificiosa, pues el oído puede soportar en este trance mentiras pero no soporta simulaciones (que se lo digan sino al del porno de antes) sino de forma sincera y desinhibida.  Y es que la estimulación del oído es asignatura de amantes de nivel avanzado, de esos que nunca hacen oídos sordos y de los que saben que, pese a lo que diga la anotomía, las trompas de Eustaquio están más cerca de nuestro sexo que las de Falopio.


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