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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Le contarías a una amiga que su pareja le engaña?

Es muy curiosa esa necesidad que tenemos, especialmente agudizada hoy en día, de obtener una respuesta para todo. Vemos el mundo y las circunstancias humanas como si se tratara del Libro gordo de Petete. Encuentre la respuesta  en la página tal a la situación tal que está en la página cual. Nos conforta el creernos, tontamente, ingenuamente, que todo en esta vida tiene, como los sudokus, una solución inequívoca.

Creemos que las situaciones están todas resueltas de antemano y que si yo la desconozco en el preciso momento en que se da esa situación, seguro que puedo hacer una trampita y mirar la página con el problema resuelto. De hecho, los fundamentos de la moral (de las “morales”) se basan en esa creencia. Alguien con una capacidad excepcional baja de su nube o de su cátedra y nos dice qué hacer en tal o cual caso, de manera infalible, incuestionable y segura. Pero la vida no es así.

La vida nos obliga, una y otra vez, a improvisar, a saltar solos al vacío para intentar resolver algo que no está resuelto de antemano, y a intentar hacerlo de la mejor manera posible. Ese es el fundamento de la ética frente a la moral. Así, pocas cosas nos gustan menos cuando formulamos una pregunta esperando la solución que un “depende”. Y sin embargo todo “depende” porque es imposible, salvo en las matemáticas, que una misma situación se repita exactamente igual en dos sujetos idénticos en un mismo tiempo y con las mismas consecuencias. Así que “depende”.

 

La respuesta “depende” de tantas cosas…

En la pregunta trampa que inicia estas líneas sucede lo mismo; depende. Depende de la amiga, de quién es y de lo que sepamos de ella, depende de su pareja, depende del modo en que se produzca ese engaño y de la seguridad que yo tenga de que eso en realidad es un engaño, depende de mí y de las concretas circunstancias en la que descubro el engaño, depende de lo que ellos dos hayan intentado aclarar previamente a si esa circunstancia se produce y de lo que yo sepa o crea saber de ello.

Pero, si pese a todo lo anunciado, alguien quiere conocer de mí una respuesta genérica y que aplicaría en la mayoría de casos sobre si le contaría a una amiga que he descubierto que su pareja le engaña, mi respuesta sería que no.

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Detrás de una buena intención, es posible que se esconda tu necesidad de morbo

Decía Confucio, gran moralista él, que si no puedes hospedar a un amigo no le preguntes donde se aloja. Es decir, si a alguien que aprecias no le puedes ayudar, y en el caso de que sea engañado casi nunca le vas a poder ayudar, mejor que no agites el avispero porque, detrás de tu aparente buena intención, es muy posible que sólo se esconda tu necesidad de morbo, de generar un espectáculo que satisfaga tus inclinaciones más sórdidas y que, en realidad, haya muy poco de interés sincero por preservar el bienestar de tu amiga. Pero, ¿cómo es posible que dejes a tu amiga en la ignorancia de una circunstancia tan grave?

Pues, y aquí entra lo viejo del diablo y la experiencia en consulta; porque lo que tú has descubierto ahora mismo es más que probable que tu amiga lo sepa desde hace más tiempo que tú. Otra cosa es que lo acepte, pero saberlo, lo sabe. Los humanos a veces parecemos tontos, pero generalmente lo parecemos más que lo somos; hasta hartos de vino (o de los licores del enamoramiento) hay siempre un juicio más o menos acertado sobre en qué situación estamos con relación a nuestra pareja… sólo falta, para bien o para mal, que acabemos de asumirlo.

Y es en ese momento en el que nuestra amiga asume lo que sucede y sólo si nos pide consuelo, cuando podemos verdaderamente ayudarla. ¿Ayudarla cómo? Pues, depende. Pero por regla general, no queriendo parecer ni más lista ni con más conocimiento de su situación que ella misma. Eso sólo conseguirá que crea que la tomamos por tonta, que somos unas engreídas (juicio posiblemente muy correcto) y acabará a medio plazo debilitando nuestra relación.

Es posible que este artículo haya despejado pocas dudas sobre lo planteado (y me congratulo por ello), aunque quizá sí quede una cosa un poco clara; si alguien ve a mi pareja coqueteando con otra, que no me lo diga. Y si por el contrario es a mí a quien ve flirteando con otro, pues que no se lo diga a él. ¿Qué si tengo eso claro? Pues la verdad es que depende…


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