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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es la lactancia erótica?

El mundo de las eróticas es fascinante. Tan fascinante como los propios seres humanos y como los recursos y soluciones que encontramos para amarnos desde nuestra condición de seres sexuados. Recursos que, en múltiples ocasiones, y esa es una extraordinaria riqueza de su conformación, se encuentran en los límites de esas normas de conductas que hemos dado en llamar “moral” y que, por lo tanto, son capaces de cuestionarlas y mostrarles lo aleatorio, controlador y ridículo que, en ocasiones, conforman dichas normas de lo que es “correcto” hacer.

Una de estas “fórmulas” eróticas que a servidora le parece particularmente incisiva es la que se conoce como “lactancia erótica”, y que consiste, ni más ni menos, y con toda la poderosa ingenuidad del mundo, en dar de mamar a tu pareja con exclusivos fines hedónicos y no alimentarios. Y es aquí donde podríamos indicar que, si bien hay mucho mamón, como animales eróticos somos la leche.

 

Un acto presentado de manera angelical y llevado al terreno de la erótica

Ser capaces de llevar ese acto, siempre presentado de manera angelical del candoroso amamantamiento a los terrenos de la interrelación sexual entre adultos, es algo digno de todo el respeto y el aplauso. Y lo es por su manifiesta ironía, tal y como, más o menos, la definía el filósofo Bergson: irónico es aquello que, teniendo el sentido de lo sublime, se tropieza de repente con la más cotidiana mundanidad.

Y es que el alimentar con tus propios pechos a la criatura que ha nacido de tus entrañas es algo que, no por ser común a todos los mamíferos, deja para nosotros, los humanos, de tener un sentido que alcanza lo trascendental… pero al mismo tiempo, la mamá tiene un cuerpo reactivo y realiza esa “divina” función con una de sus áreas erógenas primarias. Es decir, la cuasi inmaculada mamá, con la criaturita, puede, en ocasiones, sentir placer erótico al hacerlo y hasta correrse con ganas con tan “elevado” acto.

Que esto suceda todavía produce desconcierto y hasta perplejidad y culpa en muchas mujeres que disocian el amor y el afecto en parcelas más que discutibles y que ven inconcebible que, en el “noble” acto de criar a su bebé, pueda interferir el “mundano” acto de gozar carnalmente. Cuando, en realidad, ambos pueden estar perfectamente imbricados y ser uno el refuerzo del otro.

Creo recordar que el humorista gráfico Chumy Chúmez tenía una viñeta en la que (no recuerdo la literalidad pero más o menos sucedía así) un hombre observaba, fascinado, un maravilloso amanecer, mientras exclamaba para sus adentros; “Un amanecer tan hermoso y a mí que me entra el hambre… soy un auténtico animal”. Eso es la ironía. La misma que lleva a esa mujer y a su adulta pareja a pensar que, si ese acto del amamantamiento puede provocar placer y refuerza el vínculo entre la lactante y el o la amamantado/a, ¿por qué no aprovecharlo para nuestros eróticos fines? Conclusión razonable donde las haya.

 

La lactancia erótica está reflejada en multitud de obras pictóricas de grandes maestros

La lactancia erótica, y por esas cosas de la caprichosa moral, fue, hasta hace poco, considerada por la clínica occidental una parafilia, es decir, una perversión dentro de la lista de comportamientos genéricamente asociados a indicadores de trastornos psiquiátricos. Sin embargo es, y ha sido, desde tiempos inmemoriales, una práctica erótica enormemente difundida.

Conservamos multitud de obras pictóricas de grandes maestros, entre ellos dos Rubens, uno en el Hermitage y otro en el Rijksmuseum (que he tenido la oportunidad de ver), en el que, bajo la excusa de exclusivos motivos piadosos y caritativos (alimentar al famélico o al preso), se representa una joven dando de mamar a un adulto. Como no podía ser de otra forma, la siempre insaciable industria del porno también ha hecho de esta erótica un nicho de mercado; basta buscar en esas plataformas de vídeos que todos conocemos pero ninguno usamos, la categoría “adult breastfeeding” o “adult nursing” para poder bañarnos, como Cleopatra, en la susodicha lactancia.

Y en Japón (¿cómo no?) en, por ejemplo, el barrio de Kabukicho en Tokio, hay locales recogidos en las guías de turismo donde se sirve la leche materna bien en vaso bien directamente de la mama (siempre, por lo que parecen indicar las buenas costumbres niponas, que se acaricie convenientemente la adorable ubre).

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Es muy saludable

Pero, más allá del “espectáculo” de esta erótica (en nuestro marco de consumo, sí que exprimimos cualquier “teta” hasta dejarla seca), la lactancia erótica se presenta en manifestaciones de mucha más amplitud que la evidente de obtener placer con el amamantamiento y se puede insertar como complemento de otras eróticas como el BDSM.

A nivel fisiológico de la mujer, conviene saber que es algo absolutamente saludable aunque no parece que sea muy conveniente forzar hormonalmente o por otros fármacos la producción de leche materna (la llamada “lactancia inducida”) si se establece esta erótica a largo plazo y fuera de los periodos naturales. En relación a la respuesta sexual femenina, parece que la excitación facilita el flujo de la leche materna y hasta su involuntaria eyección durante la fase de meseta y/o orgasmo (y sí, también está llena la pornografía de estas situaciones…).

Así que ya saben algo más de las ventajas de amamantar y ser amamantada/o así como de la conveniencia de la leche materna… aunque sólo sea la de contrarrestar la mala leche que puebla el mundo (si es que les han retirado, a muchos, el pecho demasiado pronto…).


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